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Cuarto de plana

  • Por HÉCTOR RAMOS A.
  • PERDIMOS LA VERDAD

LordMoléculaOficial

Desde que Andrés Manuel López Obrador inicio como presidente de México en el 2018, se dio automáticamente un cambio en la forma de hacer periodismo presidencial; era común que un gobernante en el poder, fuera recibido con pleitesía por los sectores políticos, económicos y sociales.

Pero además era susceptible de ser aplaudido, reconocido y destacado por la prensa nacional. Hoy no es así.

Antes fueron los tiempos del derroche de recursos para financiar o pagar millonarias sumas de dinero por publicidad a los medios de comunicación cuya lista era inmensa. Recuerdo que por lo menos 70 reporteros conformaban la “fuente presidencial” y la gran mayoría andaban detrás del titular del ejecutivo a donde quiera que fuera.

Todos recibían publicidad gubernamental pero no solo eso, los directivos de los medios, no todos, contaban con ciertos privilegios como traer a elementos de la policía como escoltas, se les llegó a regalar autos de lujo que entraban ilegalmente al país, pero también se les daba las facilidades para hacer negocios bajo el amparo y complacencia del gobierno quien les brindaba concesiones para adquirir gasolineras, placas de taxis, permisos para venta de alcohol y cambios de uso de suelo para poner restaurantes, bares, conocidos hoy como “antros”.

Todo en los tiempos en que gobernaba el PRI, pero que se acentuó con la llegada del Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, donde se les concedió incluso, permisos para la construcción de carreteras, hospitales y hasta reclusorios.

La consigna fue la misma, atacar a López Obrador para que no llegará a la presidencia y de ahí se desataron una serie de artimañas de todos conocidas, como fue la persecución y espionaje a él, a su familia, hasta por debajo de las piedras, pero no se le encontró nada, y a todo su gabinete cuando era entonces jefe de gobierno.

De ahí salen a relucir los video escándalos, las filmaciones de su secretario de finanzas, Gustavo Ponce jugando periódicamente en casinos de Las Vegas, por lo que la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, al mando del Mro. Bernardo Bátiz, encontró elementos para acusarlo de fraude genérico, enriquecimiento ilícito y peculado, por lo que el juzgado 11 penal del Reclusorio Norte libró orden de aprehensión en su contra.

Pero como ninguna de estas perversas estrategias dañaban la figura de AMLO, Fox, tuvo la “ingeniosa idea”, con la complicidad de la Procuraduría General de la República al mando del Gral. Rafael Macedo de la Concha, de iniciarle un proceso judicial por desacato que llevó finalmente a su desafuero, que tampoco fructificó y solo generó multitudinarias protestas populares contra este hecho, que el procurador terminó renunciando al cargo el 27 de abril de 2005.

Después vino una intensa campaña mediática de que Andrés Manuel era un peligro para México, acompañada con spots publicitarios donde se caían bardas, bicicletas, se cerraban cortinas de negocios y se advertía que “te va a quita tu casa”.

Una campaña que no manchó su imagen, pero que, si le tizno, no como esperaban sus adversarios que tuvieron que hacer uso del fraude cibernético en 2006 para arrebatarle la presidencia de México, con la ayuda de los medios de comunicación que afianzaron el camino a Felipe Calderón.

En 2012 vino el despilfarro de dinero para inflar la campaña del candidato del PRI a la presidencia a través de lo que se llamó financiera Mónex, con el reparto de tarjetas de prepago y la supuesta triangulación de fondos por más de 4 mil 500 millones de pesos. No hubo objeción ni señalamientos por parte de las autoridades electorales ni de los medios complacidos con el embute y la desatada publicidad al alza, como en cada tiempo electoral al que se les acostumbró, por lo que no había posibilidad para que AMLO, el opositor, llegará a la presidencia.

Fue el hartazgo a la mentira y a la corrupción, que, ante la cerrazón de los medios, sólo las “benditas redes sociales” hicieron patente, para que la ciudadanía terminara por tomar la decisión de llevar a la presidencia a Andrés Manuel López Obrador.

No fueron los medios lo que ayudaron para que esto se lograra después de tres intentos; la prensa nunca estuvo ni ha estado del lado de López Obrador y conforme se va acercando el 2024, año de la sucesión presidencial, la calumnia y la mentira de parte de un periodismo falso va en aumento.

Tan solo con la detención de Ovidio Guzmán, ya hay una campaña para descalificar este importante golpe al narcotráfico como lo hace los “periodistas” Ricardo Alemán, que pone en duda de que Ovidio no es Ovidio; o Anabel Hernández, “periodista investigadora”, que dice que López Obrador pactó la entrega, con el saludo a la mamá del Chapo, la abuela del hoy detenido; o como el conductor de noticieros de Milenio TV, Alejandro Domínguez, que a unas horas de la detención, se atrevió a cuestionar a las autoridades gubernamentales de seguridad,  por qué había sido liberado en la Ciudad de México, según una papeleta de “registro de detenidos”.

Historias como esta se leen a diario, en una prensa que maquila mentiras, entregada a los poderes fácticos; un periodismo que, en lugar de estar al servicio de la comunidad, desorienta, sólo hace el ridículo, porque luego tiene que desdecirse y pierde cada vez más lectores y audiencia, porque ya no se le cree.

Por un periodismo como este, hemos perdido la verdad.

–oo00oo–

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