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Declarar terroristas a grupos de la delincuencia organizada no resolverá nada  

Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

Seguridad Nacional

Con motivo de los hechos en que cuatro ciudadanos norteamericanos fueron secuestrados y dos perdieron la vida a manos de un grupo delincuencial en Matamoros, estado de Tamaulipas, diferentes actores, grupos y líderes políticos, analistas, académicos y legisladores de uno y otro lado de la frontera, protagonizan un debate respecto a las políticas y acciones contra la delincuencia organizada en nuestro país por parte de los tres órdenes de Gobierno y en particular por el papel de la SEDENA, la SEMAR y la Guardia Nacional.

En este debate convergen varios factores, por una parte la iniciativa que promueven algunos legisladores de los E.U. para que su Presidente pueda hacer uso de las Fuerzas Armadas contra organizaciones de narcotraficantes, bajo la tesis de que son terroristas, en pocas palabras que el Ejército de E.U. los venga a enfrentar a México; por otra parte, un grupo considerable de actores políticos pretenden demostrar que el número de homicidios en México muestra el fracaso de la estrategia de seguridad; otros más, señalan que las políticas de seguridad pública no funcionan porque no se aplica la fuerza extrema contra esas organizaciones; y otros diseñan y difunden teorías conspirativas contra las Fuerzas Armadas, el Presidente de la República y en sí contra el gobierno en su conjunto, donde aparecen con frecuencia los epítetos de complicidad, narco-política y Estado fallido, todo en medio de una alta visibilidad en medios del secuestro y homicidio de las personas estadounidenses.

En los extremos y ante las próximas elecciones en uno y otro país, las posturas extremas buscan maximizar con los lamentables hechos, y desde esta base ofrecer a las ciudadanías la intervención en México por el lado norteamericano, y criticas y nuevas políticas contra la inseguridad de este lado de la frontera. Lo cierto es que en los E.U. la postura contra las organizaciones criminales vistas en clave de terrorismo ha crecido en algunos actores políticos y parlamentarios, en unos casos por convicción, en otros ante la probabilidad de verse rebasados por la opinión pública y el electorado. En México, la coyuntura ofreció la oportunidad de retomar las criticas contra la SEDENA, la SEMAR y la Guardia Nacional y en evidencia contra el Poder Ejecutivo Federal en su conjunto.

Los actores que conocen los temas a fondo y le han dedicado años para generar políticas y aplicarlas en el territorio, aprecian como los extremos políticos maximizan con la situación sin una lógica de responsabilidad pública, nacional y binacional. Hablar de temas como la seguridad es fácil y ofrece altos dividendos, pues la condición de seguridad es algo que cada institución pública, social o privada aprecia, quiere y exige, trabajar en seguridad es otra cosa.

La situación de violencia y criminalidad que se vive en México no surgió ayer, en cambio expresa una problemática de larga trayectoria, que se complejizó a partir de las políticas que se concentraron en detener a los líderes de estas organizaciones, cuyos resultados son de sobra conocidos, esto es, los grupos se dividieron y multiplicaron, surgieron múltiples liderazgos locales, células criminales trabajan para uno u otro grupo de mayor relevancia, y una disputa por el territorio cruenta, de altos costos en vidas y cuyo impacto afecta otras actividades de la vida social. En México la tasa de homicidios mostró un descenso hasta la administración 2000-2006 y se incrementó de forma abrupta y sostenida al iniciar el combate a las organizaciones delictivas en el año 2008.

Bajo estos antecedentes hoy en nuestro país existe una multiplicidad de grupos de la delincuencia organizada, células que se distinguen por su capacidad de violencia, homicidios entre grupos de la delincuencia que representan el 80 por ciento de los homicidios dolosos, afectaciones a algunas ramas económicas y una ciudadanía donde la principal demanda sigue siendo la seguridad. 

El Gobierno Federal creó la Guardia Nacional que ahora tiene presencia en todo el país con sus más de 100 mil elementos, esta institución es responsable de la seguridad pública de la federación es decir de la infraestructura critica o estratégica del Estado mexicano, de la seguridad en las fronteras norte y sur, de apoyar al Instituto Nacional de Migración, así como de carreteras, puentes, aeropuertos y demás instalaciones; y además, apoya a estados y municipios en funciones de seguridad pública, además de otras funciones asignadas.

Lo extraño de las oposiciones en México es que defendieron la presencia de las Fuerzas Armadas en seguridad pública, pero ahora no dudan en cuestionar a la Guardia Nacional cuando dispone de un marco constitucional para actuar en esta función.  En evidencia, la Guardia Nacional, por sí misma, no podría resolver la situación de seguridad, para ello existen 32 sistemas de seguridad y justicia en el país que tienen constitucionalmente la responsabilidad y obligación de brindar seguridad a las personas en sus vidas y sus bienes, sin embargo se repite la misma narrativa, la federación es la única responsable de la seguridad.

La falsa narrativa también campea en sectores de opinión de los E.U. donde se repiten hasta la mismas frases; bastaría con recordar a algunos actores de los E.U. cosas simples para continuar un debate interminable, por ejemplo:

  1. E.U. impulsó, promovió y financió que la guerra contra las drogas se librara del Rio Bravo para abajo y no en su territorio ante los actos costos políticos que representaba. Hasta películas se hicieron para mostrar la crisis ética y política que les provocaba tener el “enemigo” en casa.
  2. La estrategia para desatar esa guerra fue simple, detener o “abatir” a los líderes de organizaciones criminales para propiciar su enfrentamiento.
  3. El noventa por ciento de las armas de la delincuencia provienen de los E.U., en la frontera hay cientos de armerías y ahora armas de uso dual están en México.
  4. Las personas adictas en E.U. son el destino de la cadena delincuencial.
  5. Laboratorios de EU. enviciaron e hicieron dependientes de fármacos legales a decenas de miles de personas que hoy consumen fentanilo entre otras drogas.
  6. En E.U.  las adicciones son un asunto de salud pública.
  7. Ocho de cada 10 dólares de la delincuencia organizada se quedan en E.U.

La lista podría continuar respecto a decisiones y hechos en E.U. que alimentarían este debate por semanas y meses, lo mismo sucedería si se repiten las acusaciones y criticas de aquí, algunas prácticamente hechas desde el escritorio.  La cuestión de fondo es otra, qué hacer, cómo avanzar, y cómo edificar responsabilidades comunes ante una problemática que afecta a los dos países, a sus economías y a sus relaciones fronterizas

Las respuestas están lejos de la simplicidad y la linealidad, de tener la lista de las mejores ideas o de imaginar cómo serían las cosas si los problemas no existieran. La situación es delicada porque en cada operación se pone en riesgo la vida del personal de seguridad y de la ciudadanía, porque la delincuencia encontró formas alternas y violentas de disuadir o elevar los costos de las acciones de seguridad y porque los niveles de violencia con que actúan los grupos criminales escalan los riesgos. Es extraño escuchar a expertos en seguridad que aseguran que el problema son los grupos armados en las calles que se enfrentan por el control de las drogas, con ello casas de bolsa, políticos, inversionistas y hasta bancos siguen invisibles. La peligrosidad de la delincuencia organizada es cierto que está en las armas y la violencia, pero esencialmente recae en el cuello blanco, es decir en el poder y el dinero.

México mantiene la colaboración con el vecino país en seguridad, los flujos de información son constantes porque existen espacios, frontera e intereses comunes; se puso orden y para bien, y a la vez los desafíos logísticos, operacionales y de coordinación son de todos los días en grupos de trabajo altamente especializados. La delincuencia dispone de recursos financieros, capacidad de fuego y nexos con personas y organizaciones que lavan sus activos y aplican recursos para corromper e infiltrar a las autoridades. Para algunas organizaciones criminales el dinero y las armas no son problema, mañana los E.U. podrían declarar terroristas a las organizaciones criminales y eso no va cambiar nada, sólo habrá mas muertes. Esas son las realidades a enfrentar en una frontera y un sistema de ciudades fronterizas de alta dinámica y frecuencia de intercambios de personas y mercancías. Las responsabilidades frente al crimen son comunes, hay diferencias y hay muchos más acuerdos, pero las amenazas de algunos actores en E.U., así como la simplificación de los problemas con propósitos electorales en ambos lados de la frontera poco o nada contribuyen a resolver las situaciones y sí alientan la estrategia del crimen. El diálogo, la cooperación y la coordinación son la plataformas para respuestas reales y posible. Las amenazas de algunos congresistas de E.U. con tensionar las relaciones diplomáticas y los principios del derecho internacional nada ayudan a resolver la problemática. 

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