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UN ACTO DE OCIO

Miguel Martín Felipe Valencia

Cualquier persona con sentido crítico que haya crecido entre los 80 y 90 en México se habrá dado cuenta, por medio de diversas vías, de que la televisión gobernó la psique de la población. Esto se puede constatar incluso si reparamos en revisar el léxico y la fraseología con que el pueblo llano se comunica cotidianamente; una parte muy importante está constituida por clichés de shows televisivos, generalmente cómicos o de concursos.

La unión entre Televisión Independiente de México y Telesistema Mexicano en 1973 da como resultado la creación de Televisa, la empresa que supo capitalizar las pasiones de la población mexicana y convertirlas en agentes cohesionantes que mantuvieron un orden social muy propicio para el régimen.

Telesistema Mexicano fue la empresa que desde siempre tuvo enorme poder e importantes relaciones. Fue fundada en 1955 por Emilio Azcárraga Vidaurreta, quien ya ostentaba la facultad de “crear estrellas” en el ámbito radiofónico, pues su radiodifusora, la XEW, era el complemento perfecto para todas esas estrellas del cine mexicano que incursionaban en el canto. Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís y Lola Beltrán, entre otros, ascendieron al estatus de leyendas y vendieron discos desmedidamente gracias al alcance que Azcárraga podía darles.

Para 1962, según refiere Fabrizio Mejía en su relato novelado Nación TV, la idea de crear un estadio que se convirtiera en poco menos que una “catedral” del fútbol para los mexicanos, se le atribuye a Emilio Azcárraga Milmo, en busca de la aprobación de su padre. La inauguración del Estadio Azteca se realizó el 29 de mayo de 1966, sin techo en su primera etapa, con un partido entre el América (club propiedad de la televisora) y el Torino de Italia. El estadio se ubicó al sur de la Ciudad de México en terrenos cuyo desalojo gestionó convenientemente Ernesto P. Uruchurtu, el llamado “regente de hierro” del entonces Distrito Federal, quien había impedido un año antes la presentación de los Beatles pactada para realizarse en el Toreo de Cuatro Caminos.

Los Azcárraga tenían en el otrora propietario de una llantera, Guillermo Cañedo, al hombre clave con una clara visión de negocio con respecto al fútbol y la televisión. Para 1970, con un Estadio Azteca terminado, con las gradas techadas y una capacidad para 110 mil aficionados; y habiendo hecho las gestiones necesarias para transmitir a todo el mundo a través del satélite Early Bird (campechanamente traducido como “pájaro madrugador”), Televisa mostraría al mundo un estadio netamente hecho para el espectáculo televisivo, diseñado por Pedro Ramírez Vázquez, el arquitecto que también diseñó el logotipo de Televisa y la Basílica de Guadalupe.

Desde entonces, el Estadio Azteca ha sido clave en diversos momentos de la historia política de México. Uno de esos episodios es la inauguración de la Copa del Mundo de 1986, otra obra de Televisa, en la que el audio de la transmisión tuvo que ser manipulado para ocultar el abucheo y silbatina de toda la galería hacia Miguel de la Madrid, el presidente priista que un año antes había mostrado una lamentable capacidad de reacción ante el terremoto acaecido en septiembre, incluso con episodios de censura en los medios minimizando la tragedia para conservar el beneplácito popular.

En 1993 se llevó a cabo la final de la Copa Oro, que México disputó ante una selección estadounidense que carecía de liga profesional como semillero. Aquel 25 de julio de 1993, una de las selecciones mexicanas con mayor calidad técnica, festejó la victoria de 4-0 en el vestidor acompañados de Carlos Salinas de Gortari, quien tuvo un sexenio marcado por la legitimación a través de unos medios de comunicación masiva totalmente cooptados. En ese festejo, donde Salinas hablaba con naturalidad y camaradería elogiando personalmente a Zague, Ambriz y Campos, se gritaron porras hacia México, pero se culminó con un patético: «¡Presidente, presidente, ra, ra, ra!».

El 10 de octubre de 2009, una selección mexicana decadente conseguía su calificación al mundial de Sudáfrica 2010 derrotando 4-1 a El Salvador en el Estadio Azteca, en un partido que captó la atención de toda la afición y que hizo las delicias de la feligresía de Christian Martinoli, quien, ante el gol salvadoreño de Julio Martínez, donde el balón impactó un panal de abejas que fortuitamente se encontraba en la portería mexicana. Martinoli, narrador estelar de TV Azteca, aprovechó para regodearse en su hegemonía sobre Televisa y espetó una versión modificada de una de las célebres frases de Enrique Bermúdez: «¡Donde las abejas hacen su colmena!»

En el minuto 70, Cuauhtémoc Blanco anotaba el 2-0 y la euforia se desataba, pues prácticamente se amarraba la calificación al mundial.

Fue ese mismo instante el que aprovechó Felipe Calderón, según su propio relato, para iniciar con la toma de instalaciones de Luz y Fuerza del Centro para concretar su extinción. Aunque la Columna de la Independencia, lugar habitual de celebración futbolera, rebosante de aficionados festejando el pase al mundial; se encuentra a pocos kilómetros de las instalaciones tomadas, el dominio de Televisa a través del infalible activo que representa la selección mexicana y con una de las piernas de México como sede: el Estadio Azteca, pocos dimensionaron en su momento que una vez más política, espectáculo y medios habían fraguado otro montaje exitoso que tuvo como consecuencia el despido de más de 44 mil trabajadores que fueron satanizados en medios e ignorados por una sociedad que tenía la mente puesta en el mundial venidero.

Actualmente las cosas van cambiando. La selección mexicana de fútbol y Televisa se van quedando cada vez más desamparadas. La afición se vuelve crítica y va despertando. Se debilitan las piernas de México que con solidez levantaran Ramírez Vázquez y los Azcárraga.

En la próxima entrega, contaré historias relacionadas con la otra pierna, igualmente debilitada en tiempos recientes: La Basílica de Guadalupe.

Twitter: @miguelmartinfe

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