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‘RUMBERO Y JAROCHO’, RAFAEL FIGUEROA HERNÁNDEZ

* DESDE VERACRUZ PARA EL MUNDO

POR:  José Sobrevilla

Jueves 6 de junio de 2024

La frase viene de una canción llamada “Veracruz” del ampliamente reconocido y aún recordado compositor Agustín Lara, quien amó tanto esta región que la hizo su cuna, asegurando que él había nacido en Tlacotalpan, Veracruz. Parte de la letra dice: “Yo nací con la luna de plata, y nací con alma de pirata, he nacido rumbero y jarocho, trovador de veras, y me fui lejos de Veracruz…”

De una reciente visita a Xalapa, Veracruz, en medio de un calor atípico, además de saludar a los amigos, lo mejor fue platicar con el Dr. Rafael Figueroa Hernández. Un hombre que ama la música de su tierra y la promueve desde la academia. Hace muchos años ya, mi compañero de batallas periodísticas Raúl Fraga y este tecleador habíamos entrevistado a Don Fallo Figueroa, padre de Rafael, en una visita que nos hizo a la Redacción de El Financiero, 2006, en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, donde coordinábamos un equipo de trabajo llamado Unidad de Inteligencia y Análisis Estratégico. Nos lo puso en contacto, a Raúl, la también académica Pilar Ramírez, esposa de Rafael Figueroa hijo y, aquella ocasión, nos habló Fallo de la trascendencia del son jarocho como expresión cultural de México.

En las “historias de vida” que hemos realizado, hemos visto de todo (y lo que nos falta) pero no habíamos encontrado perfiles tan especiales como el del doctor Rafael Figueroa Hernández, quien se define “Rumbero y jarocho” por ser estudioso de la música, e hijo de músicos veracruzanos. Por ejemplo, su padre, fundador y director del grupo Siquisirí, don Rafael “Fallo” Figueroa Alavés; para quien no lo conozca, ha sido “un hombre de la Cuenca, del Sotavento, de la Perla del Papaloapan quien, con grandes leyendas de Tlacotalpan, como Diego Vergara, fundó el ‘Grupo Siquisirí’ y sentó las bases de la enseñanza del son jarocho en la Casa de Cultura y las Artes Agustín Lara, y también ha trabajado en los albores de los fandangos y foros como el Encuentro de Jaraneros de la Candelaria”[1] entre otras cosas porque también es un gran laudero. ([1] Quadratín (17 de julio 2014) https://veracruz.quadratin.com.mx/Presentaran-documental-sobre-el-sonero-Don-Fallo-Figueroa)

“Hijo de tigre, pintito” expresa el refrán, y la grandeza de su señor padre influyó en Rafael Figueroa Hernández para que estudiara sociología en la UNAM, y desde la primaria hasta la profesional, radicó en la Ciudad de México, donde estudió sociología para posteriormente cursar una maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM y, en la Universidad Veracruzana, UV, el doctorado en Historia y Estudios Regionales. “Yo no elegí estos temas de estudio: ellos me eligieron a mí”, ha repetido a sus alumnos; y asegura que está consciente de que, si su padre ha sido músico, hijo también de músicos jarochos, él terminó también por estudiar música, aunque “en algún momento tuve la disyuntiva de decidir y me lancé más hacia la investigación que hacia la ejecución”.

Actualmente Rafael trabaja en Universidad Veracruzana en el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación como investigador. Su pasión, la música y las costumbres sociales veracruzanas, las ha estudiado desde las ciencias sociales, pero también desde la historia, desde el estudio de la lírica, y el análisis puramente psicológico, principalmente.

Ha realizado un buen número de biografías porque, para él, los músicos populares lo toman a veces por sentado, y eso hace que no nos pongamos a ver sus trayectorias y formación. “Básicamente mi primer libro lo edité en 1985” −dijo− y, a partir de ahí, comenzó su producción literaria… Agradece a la universidad veracruzana porque disfruta mucho su trabajo con los alumnos, donde, incluso, ahora cursan una maestría en Estudios de la Cultura y la Comunicación. También ha publicado −entre otros− la biografía del cantante puertorriqueño Ismael Rivera, y “ya después, de ahí, decidí jalarlo para acá, para México”. Igualmente ha explorado la vida de músicos como el cubano Celio González, mexicanos como Pepe Arévalo, Julio Del Raso, Lorenzo Barcelata, jarochos como Rutilio Parroquín, entre varios.

También ha hecho algo de historia cultural, ejemplo de ello es su libro “Salsa mexicana”, u otro que se llama “Son jarocho”, que son la historia cultural del género aquí en México; aunque aclara que la música antillana no lo es tanto, sin embargo, le dedicó un libro a México y algunos otros de historias, un poco más pequeños.

“Hace poco acabo de publicar dos libros acerca del puerto de Veracruz: uno de danzoneros en el puerto, que es una historia cultural del danzón, pero desde el punto de vista de los bailadores, a quienes casi nunca se les reconoce. Otro más, una historia de la música afroantillana, del son y de la salsa en el puerto jarocho, desde finales del siglo XVIII para acá.

−¿Qué tanto te ha pesado, o no, el nombre de tu señor padre, quien es toda una leyenda?

La verdad yo no siento que me haya pesado. Primero, obviamente, le debo mi vocación por la música. Eso, evidente y directamente lo heredé de él; y ahorita, recordando un poco la ética de trabajo, eso también se lo agradezco porque es lo que te da una vía, una guía en tu vida. Creo en su posición histórica dentro del son jarocho, misma que he podido apuntalar y me he dedicado también a darlo a conocer, pero también apoyarlo en diferentes proyectos que hemos hecho juntos; puedo decirte que es un orgullo ser su hijo.

A veces sí, nos confunden, porque como nos llamamos exactamente igual: Rafael Figueroa, en ocasiones recibo llamadas o mensajes, y les digo “creo que te equivocaste. Con quien quieres hablar es con Don Fallo”, pero nada más. Fuera de ahí ha sido una relación bastante fructífera entre los dos”.

− ¿Han trabajado conjuntamente en alguna agrupación?

Básicamente en proyectos. Yo lo convencí de hacer un primer disco de son jarocho instrumental que todavía anda por ahí. Se llama “Don Fallo Figueroa. Sin palabras” donde combina el conocimiento armónico y melódico del son jarocho a través de su instrumento, en el que conformamos un grupo de músicos, y yo funcioné como productor; él se encargó de comandar musicalmente el proyecto. También lo convencí de hacer un disco de puros sones jarochos nuevos.

Ahorita estamos en un proyecto en el que lo estoy grabando en el ambiente del palomazo, con diferentes músicos de varios lugares. Ya hicimos sesiones en Tlacotalpan, otras aquí en Jalapa, y vienen unas en la Ciudad de México y luego iremos más al sur.  Simplemente invitamos a diferentes músicos de diferentes edades, niveles, estilos, etcétera, tallereamos ahí, tantito, y ¡pum! Se graba el palomazo y hemos tenido resultados bastante buenos, pues la espontaneidad que andamos buscando funciona y esperamos sacar el primer volumen en junio o julio (2024).

Nos reveló que cada año, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, realiza un foro de música tradicional, donde se reúnen músicos para un homenaje a cuatro géneros en la persona de igual número de exponentes musicales y el de son jarocho estará dedicado a Don Fallo Figueroa. Esto será en agosto y, aunque aún no se tiene la fecha exacta, será entre 15 y 18 y corre la invitación a todos los lectores. 

El son jarocho en la actualidad

El Dr. Rafael Figueroa Hernández señaló estar agradecido de la vida por haber sido testigo del momento en que el son jarocho tuvo su renacimiento. Esto fue a partir de los setenta, ochentas, cuando se empezaron a reivindicar las maneras tradicionales; pero con esta visión, comenzaron a aparecer muchas cosas más allá de la intensión de ‘rescatarlo’, palabra que ahora no gusta tanto; sin embargo, “Creo que en ese entonces era correcta, porque la verdad se nos estaba muriendo; por un lado, teníamos un son jarocho muy estereotipado y comercial, que únicamente se repetía a sí mismo. Y, por otro, en los pueblos, ciudades pequeñas, el son tradicional estaba básicamente languideciendo, ya casi no se hacían fandangos, además de que los músicos, naturalmente, la biología llevaba a cabo su curso y se iban muriendo.

Entonces, −narra con emoción− a finales de los ochenta, digamos plenamente en los 90, se recupera el interés por el son jarocho, mismo que lo ha llevado a lugares bastante interesantes. O sea, primero se salió de su área natural y, medio en broma, medio en serio, yo hablo del “imperialismo jarocho”, porque empezó a conquistar otros lugares.

Primero vinieron los jarochilangos que se sintieron atraídos, e iban a Tlacotalpan, viajaban por el sotavento, etcétera, y empezaron a aparecer con diferentes grados de interés y de humildad, pero hubo unos muy comprometidos, de muy buena fe, que realmente se adentraron y aportaron cosas, y se empezó a distribuir.

Ahora casi no hay ciudad en el país que no tenga cuando menos una escena jarocha; y hay algunas bastante saludables en Estados Unidos, en el área de California, Nueva York, Austin y en algunos enclaves −digamos pequeños pero significativos−; en Europa donde se han hecho encuentros de jaraneros, por ejemplo, en París, en Toulouse, en Madrid. O sea, hay ya una escena interesante. Se ha resistido a la industria, es cierto. Ha habido intentos de disqueras grandes de grabar al son jarocho, pero la naturaleza misma del movimiento no ha permitido eso. Hoy, afortunadamente, sigue muy vivo y muy vibrante, apoderándose de lugares y proponiendo cosas.

Ya hace muchísimo que se descartó la idea de que esto debía ser nada más un movimiento de son jarocho tradicional. Se respeta la tradición, se respeta a los viejos, se aprende el son jarocho, pero los chavos todos los días le están añadiendo cosas. Ha habido muchas de las llamadas (bien o mal), “fusiones” con otros géneros. Por ejemplo, uno de los sones más famosos del movimiento que es “Luna Negra”, no es más que una versión bastante jarocha de un reggae, pero que se ha dado de una manera bastante orgánica y rica. Ha habido algunos, como estandartes de la tradición, y dicen: “hay, creo que por ahí no iba”; pero yo prefiero que se equivoquen y que lleguen a callejones sin salida, a que se mantenga nada más así, y se muera. Celebro muchísimo todo lo que andan haciendo cientos, si no es que miles, de chavos todos los días al son jarocho.

−¿Qué grupos y qué personalidades se pueden rescatar que destaquen en este momento y qué grupos son vigentes?

Hay una supervivencia de los grupos pioneros del movimiento; obviamente “Mono Blanco” y “Siquisirí”, que también está ahí; de los que nacieron como cultivadores del son, ya no he oído mucho de ellos; poquito después viene “Son de madera” que sigue en activo, produciendo. Ha habido baches; la pandemia fue un bache tremendo para todo el mundo, pues no había trabajo.

Ha habido nuevas maneras de mantenerse funcionando. Para mucha gente como Laura Rebolloso o Ramón Gutiérrez, por ejemplo, dar clases por Internet ha sido una gran manera de hacerse de ingresos y de un buen modo. Y después ha habido proyectos extraordinarios que no han tenido la permanencia que deberían.

Está por ejemplo “Cojolites” que es segunda o tercera parte del movimiento; no fueron de los iniciadores del movimiento, pero han venido aportando a lo largo, y es de los que más han llegado, incluso, en esta manera de difusión con el Grammy, que si bien no incide directamente en la música ni en la calidad estética, pero sí es otra manera de tener esta exposición que nos ayuda a todos en el movimiento.

Y ahora hay muchos grupos pequeños que me gustan… ya se está empezando a borrar la línea tan tajante que había entre los de son blanco y los de son tradicional. Siempre fue como muy artificial esta división.

Aquí (en Xalapa) hay un grupo que se llama “Plátanos machos”, que está haciendo cosas preciosas, pero que no ha grabado. “Y yo siempre les digo ya graben, por favor, ya graben”. Ya sé que sacar un disco ya no es una meta, porque nadie compra discos, pero cuando menos para para rolarlo en las redes porque vale mucho la pena lo que están haciendo.

Las compañías, por ejemplo, “Son Luna”, que es de aquí, de Xalapa, ha hecho mancuerna con el son jarocho coreográfico y ha presentado espectáculos que recuerdan, digamos, al Ballet Folclórico, pero que ya lo han trascendido mucho más allá; lo han llevado más allá desde el punto de vista estético y musical. Ya no es el Ballet Folclórico para turistas, que era el que nos molestaba a los de la primera época del son jarocho; sino que es un espectáculo coreográfico, pero con todas las de la ley: buena música, buen manejo escénico, etcétera.

− ¿En qué estás trabajando ahorita?

Estoy, digamos más o menos concentrado en hacer memoria sonora, que ese es un trabajo que me eché a cuestas hace varios años, de crear una discografía general del son jarocho; porque es importante mantener una memoria, porque muchos chavos creen que el son jarocho empezó hace cinco años y no hay tal; y buscamos que todos los que aprenden son jarocho, volteen hacia atrás y vean las grabaciones hasta este momento; y la forma más directa y real es empaparnos de esa historia sonora.

Por ejemplo, estoy haciendo una discografía de mujeres en el son jarocho y que da pistas muy bonitas. Por ejemplo, los famosos discos que se editaron del “Encuentro de Jaraneros” de Tlacotalpan, que editó Pentagrama, tuvieron la primera representante femenina, hasta el tercer volumen; y muy poquitas en el cuarto; y después un número más grandecito.

Ha sido un despegue extraordinario porque antes de los años 90, el son jarocho era básicamente un “club de Tobi”, nada más para hombres; pero a partir de los noventa ha habido un despegue de la cantidad de proyectos que incluyen mujeres: gestoras, que antes eran nada más bailadoras; ahora hay músicos, versadoras, requintistas, y hasta leoneras.

Finalmente nos reveló que agradece cuando alguien le dice: “oye, mi tío tenía unos discos que yo creo que te pueden interesar” y a veces descubro discos que ya tengo, pero a veces hay joyitas que dices “estos valen mucho la pena”. “Entonces me los prestan y los digitalizo. Ahorita la familia Filobello nos proporcionó un altero de discos desde los que grabó Don Juan Filobello con Lino Chávez.

“Estoy haciendo también una bibliografía del son jarocho, que hay mucho ya escrito, pero pues está por ahí disperso. Entonces necesitamos un lugar donde concentrarlo, y que la gente interesada encuentra ahí lo que lo que le guste. Ver videoentrevista completa

Entrevista realizada en Xalapa, Enríquez el 16 de mayo 2024.

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