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ACTUALIDADES DE LA SEGURIDAD NACIONAL

Dr. Jorge Lumbreras Castro.

La seguridad nacional como concepto y método surgió al seno de la bipolaridad, sin embargo, la serie de cambios que se registraron en el mundo y que tienen como fecha simbólica el año de 1989, dieron paso a un llamado nuevo orden internacional. En ese marco, se pensó que la seguridad nacional tal y como se concibió casi cinco décadas atrás, debía ceder su lugar a otra visión que incoporara las dimensiones del liberalismo democrático y sus declaradas apuestas con el desarrollo social y humano.

Para la mayoría de los analistas, la probabilidad de un conflicto catastrófico para la vida humana se diluyó con el fin de la Guerra Fría, sin embargo, permanecieron y aparecieron conflictos locales y regionales, nacionalismos periféricos, y el resurgimiento de patologías identitarias en clave racial, religiosa y hasta biologista, donde el caso emblemático fue la antigua Yugoslavia: la guerra étnica en el corazón de Europa.

En ese contexto, por una parte, se insistía en que la seguridad con mayúsculas, esto es, la seguridad nacional, debía incorporar un cariz tendente al desarrollo humano y ocuparse de temas cercanos a la seguridad pública e interior, y por otro lado, se apreciaba el surgimiento de otras fuentes de riesgo, que podían comprometer los objetivos nacionales, la seguridad de amplios sectores de la población o de plano postergar por décadas las expectativas de desarrollo.

Varios de estos nuevos o viejos antagonismos no se expresaban con armas, artefactos explosivos o violencia como modo de declaración política, sino con la cesión de recursos estratégicos, la pérdida de recursos fiscales ante la especulación financiera, la dependencia de los mercados mundiales de alimentos y medicinas, los desastres relacionados con el medio ambiente y el cambio climático, la amenaza contra los ecosistemas, la desigualdad global, los estallídos sociales que tendencialmente habrían de registrarse ante acelerados procesos de pauperización social y los golpes blandos.   

Ha de decirse, más allá del panegírico del liberalismo democrático también conocido como “discurso único”, que cambiaron las formas de intervención de los países centrales, así como las de actores no estatales con inéditas capacidades económicas, con ello avanzó la influencia para impulsar cambios jurídicos y políticos en diversos países y en el orden internacional, bajo la perspectiva de liberalizar las economías y consolidar un modelo de creación de riqueza afianzado en el sector servicios.

Más allá de las reformas que suponía la expansión a escala de este modelo de creación de riqueza, el problema radicó en sus contradicciones internas, que se resumen en la concentración del ingreso, la destrucción de modos locales de producir y organizarse, en la no sustentabilidad ambiental y social, y en las contradicciones que este conjunto de factores generó ante inicipientes procesos de democratización, donde las promesas de la propia democracia se vieron, por lo menos, incumplidas.  

Nunca en la historia actores no estatales habían acumulado tanto poder económico y político y nunca el Estado había cedido tanto ante las lógicas del interés y el beneficio, pero particularmente, el modelo mostró uno de sus peores síndromes: privatizaba los beneficios y socializaba los costos.

De lo anterior da cuenta la crisis del año 2007 en los Estados Unidos y en el mundo, que fue emblemática por cómo el Estado tuvo que resolver con los recursos de la ciudadanía los altos costos provocados por unos cuantos depredadores que maximizaron con un sistema financiero incapaz de regularse a sí mismo. La ficción de la autoregulación, de vicios privados y beneficios públicos se hizo ostensible ante las pérdidas sociales y públicas provocadas por los capitales financieros.

Este fue el contexto para considerar que la seguridad nacional no podía dejarse a las iniciativas de los propios actores que promovieron el repliegue del Estado y que admitieron que se habían equivocado.  Sobra decir que otra expresión que postergó la sustitución de la seguridad nacional como concepción para proteger a la sociedad ante diferentes y graves antagonismos, fueron los ataques terroristas del año 2001.

La primer década del Siglo XXI arrojó algunas de las líneas de la seguridad nacional para el nuevo milenio: cambio climático, terrorismo, especulación financiera internacional, concentración del ingreso, altas condiciones de exclusión impuestas por el modelo de creación de riqueza, poder e influencia acumulado por actores no estatales; patrocinios de países centrales a intereses privados; conflictos por el agua, territoriales, étnicos y religiosos; y los riesgos para el modo de vida democrático ante las promesos incumplidas, el escepticismo político, la desconfianza en lo público y la creciente indignación ante las cleptocracias. 

Así las cosas, dierentes países también comenzaron a resentir en el Siglo XX el poder e influencia de potencias y actores no estatales en su vida interna por nuevas vías. De las armas se trasitó a nuevos antagonismos para la seguridad nacional e interior articulados por actores estatales y no estatales con patricinio interno y externo a fin de mantener el “orden”, a saber: incitación al desorden social mediante el financiamiento obscuro a movimientos sociales para generar intesbilidad política; control e influencia en la opinión pública a traves de redes sociales; aparición del llamado “golpe blando” que hasta metodología dice tener; estrategias para fracturar la voluntad política de actores políticos o gobiernos contrarios al modelo económico y político; y cancelación de iniciativas políticas y sociales tendentes a profundizar la democracia como modo de vida.

En la actualidad, estos temas son campos de interés para todo órden institucional, incluso en países centrales que se las han tenido que ver con los intereses que promueven las grandes empresas de internet, con los capitales financieros, con la falta de responsbailidad de las empresas, con acciones unilaterales de actores no estatales para influir en diversos países, con poderosas tendencias criminales cuya influencia ya es global y en medio de todo eso, una inducida desacreditación de la política para contener inciativas de reforma económica y social.  Se trata entonces de antagonismos que afectan seguridad interior, esto es, la dimensión política, institucional y democrática de la seguridad nacional.

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