Miguel Martín Felipe Valencia

Tras el anuncio de la marcha que será realizada el domingo 27 de noviembre, algunos reporteros preguntaban al presidente si se trata de una estrategia para mostrar músculo. La verdad es que en estos tiempos, hacerlo es legítimo. Se trata del músculo de toda la gente que apoya al presidente. Muchos incluso volcamos nuestros esfuerzos profesionales hacia la lucha por el verdadero cambio.

Como siempre sucede, AMLO ha marcado nuevamente la agenda pública, ha dicho de qué se va a hablar. La oposición comenzó a twittear frenéticamente acerca de todo esto. Mucha gente ignora que en esta red social se encuentra la verdadera guerra de narrativas. Esta guerra se lleva a cabo con los insultos más viscerales y con las burlas más bajas y crueles por parte, puede ser de ambos bandos, pero sí con una tendencia francamente misantrópica por parte de los, ya no opositores, sino odiadores de AMLO. Todo aquello se vio reflejado en la llamada ‘marcha para defender al INE’, donde pudimos atestiguar mensajes sumamente violentos y viscerales hacia el presidente.

Hay un juego muy interesante que los políticos de oposición ya llevan un buen tiempo jugando, y es el de mantenerse vigentes y a ser posible volverse tendencia en Twitter con base en lo que sea, pero, sobre todo, en la provocación o el insulto. La forma en que la derecha entiende esta red social es clara y fue verbalizada en una entrevista que Hernán Gómez le realizó a Gabriel Quadri, donde este último, a quien calificar como energúmeno es más una descripción que una licencia poética, declaró: «Twitter para eso es; para provocar, para generar polémica». En este punto no nos ocuparemos de lo referente a que, si bien resulta siempre sano el debate porque fomenta la politización, tenemos una oposición que prefiere enrarecer el ambiente que proponer.

El punto central de mi disertación es que, al considerar Twitter una red social de nicho donde se da cita la franja de la sociedad con mayor nivel intelectual (aseveración que yo no podría suscribir), los actores políticos y opinadores de tendencia contraria a la del presidente, parecen sentirse libres de “decir las cosas como son”, o sea, con groserías, comparaciones burdas, insultos racistas o clasistas, xenofobia y mucha visceralidad. Personas que se consideran articuladas y pensantes, no resisten la tentación de atacar con un meme, una frase burlona o simplemente un insulto de especial bajeza a quienes, por no coincidir con sus ideas, consideran a priori débiles mentales.

Sin embargo, cuando estas mismas personas tienen la oportunidad de aparecer en soporte audiovisual, pero más especialmente en los espacios de sus amiguitos, los comunicadores de medios tradicionales, aquellos a quienes consideran ‘profesionales’ en contraste con quienes aparecemos en medios alternativos y por tanto merecemos su desdén; se expresan con una pulcritud y corrección que los hace parecer grandes argumentadores de toda la vida, conservando ese halo de corrección política que siempre ha envuelto al espectro radioeléctrico en México. Es ahí cuando estos personajes dejan caer terminajos como coadyuvar, consensuar, neopopulismo, certeza jurídica, estado de derecho, constitucionalidad, etc. Cháchara vacía intencionalmente diseñada para confundir al ciudadano no politizado y proyectar la ‘credibilidad’ inherente a los ‘inteligentes’, con su respectiva cuota de patrioterismo barato, es decir; la palabra México hasta en la sopa como un significante vacío que sigue siendo efectivo para atraer adeptos.

Mi propuesta concreta es que, ya que la mayoría de políticos tiene una especial predilección por la actividad a través de Twitter, y que generalmente sus mensajes más reprobables no son del conocimiento del gran público por tratarse de una red de nicho, en los debates venideros, haya twits impresos para que se puedan mostrar ante el gran público. Así, sin importar la filiación del contendiente, las masas que prestan atención a la política solo en periodo electoral y se guían con base en preconcepciones de aspecto y clase para decidir su voto, descubra cómo aquel panista que con embelesante prosa hace un llamado a “trabajar juntos por México”, se ha referido a las clases populares de formas totalmente reprobables y ha insultado de diversas formas a aquellos a quienes les solicita el voto, o bien, se ha burlado de la manera más ventajosa y falta de clase ante cada episodio de efímero ‘triunfo’ dentro del acontecer político del país.

Muchos políticos están corriendo un enorme riesgo al no entender la dinámica social que se vive actualmente y seguir considerando al grueso del electorado como menor de edad. «Tonto es el que piensa que el pueblo es tonto», ha dicho AMLO, y esta puede ser una forma en que se avance hacia una clase política, ya sea libre de hipocresía, o bien, simplemente más respetuosa. Citando al gran Stephen King: tengo esperanza.

Twitter: @miguelmartinfe

YouTube: Al Aire con Miguel Martín

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