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Por José Sobrevilla

Este martes 24 de mayo, el periodismo perdió a uno de sus exponentes mexicanos más rudo, riguroso, y estricto en el ejercicio de la profesión periodística. En su mente se llevó infinidad de anécdotas, vivencias, acontecimientos en los que fue, testigo o bien participante, tanto con personajes de la política, los negocios y del propio gremio. Escribió las biografías ‘no autorizadas’ de Carlos Slim, (Retrato Inédito” /Océano/2010), y de la profesora más famosa de México (La maestra: Vida y hechos de Elba Esther Gordillo/Océano/2013), mismas que levantaron ámpula entre los personajes aludidos como en sus cercanos. Cada uno de sus libros abordaban información generalmente poco conocida, así como enfoques, relaciones, complicidades de sus vidas que no tenían como compromiso agradar o complacer a nadie: crudos y directos en las temáticas que abordaba.

Con él hubo un distanciamiento momentáneo por un comentario en FaceBook por alguna foto donde este reportero aparecía con Isabel Arvide, Lord Molécula, Sandy Aguilera, Marco Olvera, Hans Salazar y otros de los mañaneros estigmatizados o satanizados. Después, los proyectos nos juntaron nuevamente, mismos que habríamos de emprender con el también periodista Raúl Fraga, y que nos llevaron a algunas reuniones.

Cuando concedió ser entrevistado, −entrevista reporteada y publicada en este medio− sobre su nota difundida en el Semanario Proceso acerca del vencimiento de la concesión de Telmex (marzo de 2023, ya que vence en 2026), donde señalaba que tocaría al Presidente López Obrador definir si se la ratificaba o se le retiraba, fue ampliamente explícito y colaborativo. Después, y a pregunta en la mañanera de algún colega, el comandante supremo de la Cuarta Transformación dijo que “no había razones para no ratificarle la concesión al magnate”. Después de ello continuamente platicábamos por teléfono acerca de los tópicos de sus columnas. De aquellas charlas, en su memoria, les relataré una muy extensa, que sostuve un septiembre de 2021 donde comentó a este reportero adelantos de lo que pensaba difundir.

Como todos sabemos, Pepe se dedicaba al análisis de la información y prácticamente, en los días de pandemia −y otros−, desde su casa le marcaba a sus contactos para sondear los temas y enriquecer sus columnas. “Yo tengo mi propia información. Voy haciendo mis archivos, investigo. Verifico mucho mi información, porque no soporto ser desmentido”.  

Platicó, por ejemplo, que a Guillermo Correa lo había conocido cuando a finales de los ochenta, Guillermo tenía la fuente agraria en Proceso “pero yo ya andaba desde mucho antes en Chiapas, desde el setenta y siete, documentando asuntos agrarios en la selva lacandona. Ahí me tocó, antes de Marcos, ver cómo se gestaba la guerrilla. Antes de que estallara el conflicto (enero/1994), Carlos Payán censuraba muchos de mis artículos que le enviaba desde allá. Hice muchas relaciones que después me sirvieron para abrir la red de corresponsales de El Financiero a mediados de los ochenta”.

Reveló que para verificar los mínimos datos hablaba a mucha gente en cualquier parte del país. “Ayer, al revisar mi archivo de La Jornada encontré una perla negra. ¡Qué maravilla! me dije, es para la columna de mañana, que será el cumpleaños de Carmen (Lira) y le voy a dar este regalito. ¡Fíjate lo que publicaré! “Designa López Obrador a Pablo Gómez como director de la Unidad de Inteligencia Financiera”… todos los medios (Reforma, El Universal… sacaron ¿Quién es Pablo Gómez, sus antecedentes en movimiento del 68?… No. Yo tengo un amigo que vivió con él en un departamento, Joel Ortega Juárez, a quien despidieron de Milenio por órdenes de Obrador, porque lo criticaba mucho. Yo lo publiqué en una columna…

Pero voy a lo siguiente, dijo, en 1999 Pablo Gómez había impugnado a López Obrador porque, aseguraba, no debería ser candidato al gobierno de la Ciudad de México, porque no reunía los requisitos; sin embargo, Pablo también se había postulado como precandidato para el mismo cargo, compitiendo con Obrador dentro del PRD. Entonces, escribió un artículo donde cuestionaba la precandidatura de López Obrador y lo envió a La Jornada y Carmen Lira no se lo publica. Entonces, Pablo Gómez, quien había sido fundador y socio de este medio desde hacía 15 años, mandó otra carta exigiendo su publicación, y después, como no se lo publicaron renunció al periódico.

Fue entonces que se peleó con López Obrador. Tuvieron una relación muy distante hasta que Gómez Álvarez ingresa a Morena en 2017 con el propósito de ser diputado federal o senador. Ahí más o menos limaron asperezas, porque AMLO no estaba seguro todavía de ganar la Presidencia. Entonces, no son amigos. Lo que voy a publicar es cómo censuraba Carmen Lira a Pablo; y ante su renuncia Carmen le contestó: ‘No te censuramos, el problema es que tu eres colaborador y aparte precandidato. No se vale que tú publiques un artículo… te vamos a publicar únicamente tres párrafos’ y fue lo que le publicaron.

Por esa misma fecha, y por la misma razón, la censura de Carmen Lira, renuncia también Héctor Aguilar Camín. Ella lamenta que ambos se vayan y le dice a Aguilar Camín, ‘tú has aportado mucho con tu calidad literaria, tus conocimientos; has enriquecido a La Jornada, por eso las puertas estarán siempre abiertas para ti’. Esto fue en 1999, pero se mantiene ese encono entre López Obrador y Pablo Gómez hasta ahora. En 1997 ganó una diputación federal a través de Morena, la quinta, y quería repetir en el 2018, pero pierde la elección frente a Gabriel Cuadri y se queda sin chamba.

Cuando hicieron renunciar a Santiago Nieto, lo de su boda, decía el periodista Pepe Martínez, que el presidente lo había anunciado como ‘eficiente’ e ‘incorruptible’… pero no. Quienes lo conocemos sabemos que es bien corrupto, ‘y tengo las pruebas’, decía convencido el periodista hoy finado. Por ejemplo, argumentaba, “Pablo Gómez hizo aparecer como ‘una equivocación’ su votó a favor de la ‘Ley Televisa’. La empresa había dado la orden de que no le quitaran una coma a su ley, en marzo 2006, y todos los partidos la aprobaron por unanimidad, incluso el PRD. Y Pablo votó a favor… pero corrupción no es que te den dinero, es que seas deshonesto, ética y moralmente.

Pablo nunca permitió que se conociera su declaración patrimonial. “Yo tengo todas las copias de hace tres años cuando se la exigieron, en 2018, y él argumentaba ante la Cámara que no se debería dar a conocer añadiendo cuestiones legales: que es un asunto confidencial y de seguridad, que no es de interés público, etcétera. Toda su declaración patrimonial, trece hojas, están en blanco con argumentos legaloides. Pero al contrario, él publicó un artículo en 2016 con Aristegui donde exigía se diera a conocer la declaración patrimonial de Enrique Peña Nieto y los integrantes de su gabinete; y que debería incluir los bienes de su esposa y familiares hasta la cuarta generación…

Como cuando hablaba con el inolvidable Huberto Batis Martínez, las conversaciones eran variadas e interminables (hasta que se agotara la batería). Aquella ocasión, el “tocayo”, Pepe Martínez tenía enormes ganas de charlar, y este reportero tenía todo el tiempo para escucharlo.

Pablo −comentó− había sido el responsable de la comisión instructora, el verdugo, para joder en 2020, en un ánimo de venganza, contra los que fueron sus compañeros como Mauricio Toledo, ex diputado, ex delegado de Coyoacán al que desaforaron, igual que a un diputado de Puebla, este por acoso sexual contra un chamaco.

“En un artículo, Joel Ortega Juárez, llegó a decir que el 10 de junio de 1971, “Pablo Gómez y yo, fuimos los que le calentamos la cabeza a los estudiantes para que se manifestaran y, a la mera hora, ‘no nos presentamos’. En parte ese hecho fue nuestra responsabilidad”. Cuando corrieron de La Jornada a Jaime Avilés de una manera vil, en su renuncia (2013), publicó un párrafo interesante “¿Qué Carmen Lira no se da cuenta de que ya terminó su ciclo, y que le está haciendo mucho daño al periódico?”. Esto porque se negaron a publicarle a Jaime varios textos sobre Felipe Calderón, donde él ya avizoraba las corruptelas de Emilio Lozoya y lo de la reforma energética, afirmaba el periodista: quien dijo haber conocido muy bien a Epigmenio Ibarra, a quien llevó a presentar su libro sobre Carlos Slim. “Ahí se me puso al pedo porque yo dije que había sido seducido por Slim”.

– ¡No!, ¡cómo crees!, me dijo.

– Cómo de que no, si ahí están todos tus artículos publicados. 

Slim le había dado dinero, yo lo sabía, por eso se lo dije en su cara. Él siempre ha ido −y sigue yendo− a las fiestas del magnate, la boda de sus hijos, bautizo de los nietos de Slim, etcétera. Tanto Payán como Epigmenio recibían financiamiento de Inbursa para los proyectos que hacía para TV Azteca, para las telenovelas.

A todos estos personajes “Yo los padecí cuando estuve en Unomásuno, siendo reportero” Comentaba Pepe Martínez que, en aquella ocasión, él tenía la fuente más importante de política que era cubrir, como fuente a la oposición; cubría Gobernación, Senado de la República y todos los partidos opositores: el PT, PAN, PRT, Partico Comunista, PST, los sinarquistas, la Federal de Seguridad, y durante años Musacchio, Teresa Gurza, Jaime Avilés, Carmen Lira, me acosaban en la redacción… todos los que eran de la onda comunista, células, me querían quitar la fuente. Carballo (Marco Aurelio Carballo), que fue quien me asignó la fuente, siempre me respaldó.

Esa fuente, señala, sólo la podía cubrir una persona que no militara en ningún partido. “Guardo un artículo que Carballo escribió que le llamó ‘El elogio de Martínez’ donde me daba mis ‘cebollazos’ comentó el periodista a este reportero. Y, con la esperanza de publicar una segunda parte de este triste Adiós al querido Pepe Martínez, con el pésame para su hermana Nora, la Doctora, y a toda la familia, les dejo este extraordinario elogio.

TURBOCRÓNICASEl elogio de Martínez

MARCO AURELIO CARBALLO

José Martínez llegaba a la redacción y sin rodeos se ponía a teclear lo anunciado en el “budget”, las entradas de cada nota informativa. Formaba parte del tercio de buenos trabajadores de la noticia. Los otros nadaban digamos de a perrito, para utilizar una figura húmeda este verano lluvioso. José Martínez era reportero del moderno tabloide de hace cinco sexenios. Uno de los diez que se disputaba la primera plana.

Los mediocres cuchicheaban en la redacción y quién sabe qué tanta envidia trasudaban en la cantina. Las habladurías se detenían en el escritorio del jefe de información. Ése era yo. Aquéllos juzgaban extraño que al cubrir una fuente hermética como Gobernación, Martínez lograra notas de primera plana. La dependencia sólo se abría en elecciones y el fin de año para entregar copias del informe presidencial. La hacían de emoción. Soltaban el mamotreto de madrugada, como si fuera la fotocopia de los rollos del Mar Muerto, o las profecías de Nostradamus. Para mantener en vela a los reporteros, les exhibían películas, acaso sin el tijereteo de la infame censura burocrática.

Cuando José Martínez empezó a decantarse por los reportajes publicados en forma de libros, le comenté aquellos rumores. Su respuesta me pareció exacta en su dimensión. Ni espionaje ni contraespionaje. Lograba notas de primera plana porque él sí reporteaba.

Varios de los colegas insidiosos se convirtieron en columnistas, una de las metas del reportero. Fieles al origen escriben nomás lo del boletín. Desayunan, comen o cenan con algún vocero que, a cambio del trago, conserva el anonimato. Sobre todo si son ataques al adversario.

José Martínez reportea para ir nutriendo carpetas abiertas en su computadora. Son los expedientes de grandes personajes. Cuando un libro está redondo lo publica y si un personaje pasa de ser uno de los más ricos del mundo al más rico, la sensibilidad reporteril lo hace actualizarlo.

Sin duda habrá muchos colegas que hablen del libro en cuanto al personaje con una fortuna de 50 y tantos miles de millones de dólares. Sobre el libro “Carlos Slim. Retrato inédito” (Océano) habrá textos treinta por ciento regulares y sólo diez buenos y uno o dos excelentes.

Este libro mismo es una muestra de que el oficio podría mejorar. En ninguna parte he leído un reportaje sobre los 50 mil presos liberados, gracias a la ayuda legal y económica del empresario Carlos Slim[1].

Felicidades JM.


[1] http://marcoaureliocarballo.blogspot.com/2010/08/turbocronicas-el-elogio-de-martinez.html Consultado el 26 de mayo 2022

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