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Por José Sobrevilla

Esta semana, el semanario Proceso titula su portada “Cobro de piso, la nueva pandemia de la capital” y, en interiores, presenta un interesante reportaje del periodista David Fuentes, que algo sabe del tema ya que ha sido autor del libro “Narco CDMX, el monstruo que nadie quiere ver”, y que prologó el también periodista Héctor de Mauleón, autor de varios libros, entre ellos “La ciudad oculta”. El narco inunda el país… excepto la Ciudad de México. Por increíble que parezca, ése ha sido el discurso oficial de todos los gobernantes que ha tenido la capital del país. Ningún Jefe de Gobierno, nunca, ha aceptado que los cárteles campean en el corazón de México, ha señalado la sinopsis de Gandhi[1] donde tiene un costo 229 pesos, y únicamente 82.17 en pasta blanda si lo compra por Amazon.

David Fuentes, en su libro, documenta qué grupos son los que se pelean las 16 alcaldías, cómo operan, qué está en juego y de qué tamaño es el monstruo que las autoridades se niegan a ver; e insiste, “Jamás ningún Jefe de Gobierno ha aceptado que los cárteles campean en el corazón de México” y que el narco capitalino demuestra que, “en el ajedrez del crimen organizado, la Ciudad de México juega un rol muchísimo más importante de lo que se pensaba. Y alerta: seguir ignorando el desastre pone en riesgo la viabilidad de toda la nación…”.

En su revelador trabajo que está circulando a partir del domingo 22 de mayo de esta semana, se habla del cobro de piso del 10% en ventas diarias que hace “La Unión Tepito” a cambio de que no les quemen sus negocios. Aunque “en la Zona Rosa no te piden cuota, pero te dicen que los dejen vender; si aceptas, entonces el lugar es de ellos porque luego de un rato se creen dueños de todo”, señalan las fuentes del periodista, quien agrega que “denunciar es inútil porque ellos se enteran de todo”.

En efecto, el 28 de marzo 2022, la revista Expansión publicó que “La falta de denuncia y la impunidad dejan a los empresarios entre la espada de la extorsión y la pared de la autoridad fiscal” y que, en México, “únicamente se denuncia el 10.1% de los delitos cometidos contra empresas, según la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE) 2020, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía”[2].

El Presidente honorario de la Asociación Nacional de la Industria de Discotecas, Bares y Centros de Espectáculos ha comentado a Proceso que la única vez que descansaron de los cobros de piso fue durante la pandemia, pero que ahora que las actividades regresaron a la normalidad, han vuelto a padecer el problema; esto pese a que han tenido reuniones con las autoridades (en Morelos, CDMX, y Edomex), para hacer un programa que termine con este mal, pero que las autoridades hacen caso omiso. “No quieren enfrentar el problema; nada más nos dicen ‘denuncien’ pero al hacerlo nos han dejado en la indefensión absolutamente a todos” y lo más seguro es que sean asesinados por la delincuencia organizada.

“No sabemos si las autoridades están coludidas porque para afirmarlo se necesitan pruebas y no las tenemos”, aseguran, pero el hecho es que en este tema las autoridades se encuentran rebasadas y que el 80% del país sufre de estos problemas; y que están trabajando para tres personas: el SAT y los impuestos, para el arrendatario que es el dueño del local y para pagar los derechos de piso, consigna David Fuentes.

Un dueño de concesión de transporte público ha revelado al periodista de Proceso que ya ha denunciado en algunas ocasiones, pero que los inculpados no duran “no pasan ni medio año en la cárcel y cuando salen te quieren cobrar lo del abogado y todo lo que pagaron cuando estuvieron presos. Entonces sale peor, y no nos queda otra más que pagarles.”

Un reportaje de Borderland Beat, que titularon “The Sicilianization of Mexican drug cartels: an analysis of the extortion industry”[3], asegura que las redes de extorsión no pueden estudiarse como una práctica monolítica; y que el cobro de piso, puede manifestarse de formas distintas. Una, la más común es la parasitaria, en la que el extorsionista demanda varios a su víctima pagos por un largo periodo de tiempo y amenaza con hacer daño a la persona si no se cumplen las exigencias.

Otra es la relación depredatoria, donde el que extorsiona exige un pago de una vez por una gran cantidad de dinero. “Este tipo está relacionado con la industria del secuestro”; y es el simbiótico, donde el extorsionista exige a la víctima pagos por temporadas, pero al mismo tiempo le ofrece sus recursos para así alcanzar un cierto tipo de mutuo beneficio.

Para abril (2022) la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX tenía identificados 35 grupos criminales operando en distintos sectores; estamos hablando de narcomenudistas, extorsionadores, traficantes de drogas y armas, ladrones de casa habitación, “y hasta los que se dedican al préstamo conocido como ‘gota a gota’ (…) y que los grupos delictivos con presencia en la CDMX son −hasta ahora− el Cartel Jalisco Nueva Generación, la Unión Tepito, Fuerza Anti Unión, Don Agus, Los Maceros, Los Guerreros, Los Malcriados 3AD de Lenin Canchola, el Cártel Nuevo Imperio de Quintero Muñoz, El Güero Fresa, Los Tanzanios, el Grupo Gota a Gota (formado por colombianos) el Cartel de Tláhuac, Los Rodolfos, y Los Balta, más otros 20 que las autoridades no han logrado definir.

Antes de que Omar García Harfuch llegara a hacerse cargo de la policía capitalina únicamente había 15 grupos criminales en la CDMX identificados, se ha señalado.  

Aunque descansen en un principio semejante extorsión y cobro de piso implican algo distinto para la víctima, su gestión e, incluso, su medición. “Cuando hablamos de extorsión nos referimos a un acto episódico, que ocurre una vez a una víctima. Así, el sujeto que amenaza por teléfono y extiende una oferta de protección —consiga o no lo que busca— tal vez no vuelva a contactar a su víctima. En este supuesto entran ciertas extorsiones telefónicas, pero también prácticas tan regulares como pagar a un franelero para que cuide un auto de peligros como su propia capacidad de dañarlo” ha publicado Nexos (María Teresa Martínez/13 de diciembre/2021).

En la extorsión, aclara la periodista, “el perpetrador puede ser un actor solitario, con poca capacidad de materializar su amenaza, que usa la reputación de un contexto violento a su favor, aunque también puede tratarse de un grupo estructurado, que puede escalar el nivel de violencia. Ahora bien, aunque sean interacciones episódicas, no deben minimizarse arguyendo que víctima y victimario no llegan a encontrarse, pues estas interacciones igual entrañan la imposición de un intercambio renta-protección, implicando una dosis de coerción”.

En contraste, en el cobro de piso, víctima y victimario establecen una relación tributaria sostenida en el largo plazo. Cada semana o cada mes el actor violento visita a su “cliente”, refrenda o ajusta su acuerdo y recupera sus ganancias. Como en toda relación de largo plazo, las reglas del juego pueden cambiar, aunque sean generalmente impuestas por el extorsionador: éste puede exigir una mayor cuota, puede decidir hacer uso de la fuerza o extender su “oferta” de protección a nuevas actividades[4].


[1] https://www.gandhi.com.mx/narco-cdmx consultado el 21 de mayo 2022

[2] https://politica.expansion.mx/mexico/2022/03/28/extorsiones-negocios-recaudacion-fiscal-mexico consultado el 21 de mayo 2022

[3] https://www-borderlandbeat-com.translate.goog/2020/08/the-sicilianization-of-mexican-drug.html?_x_tr_sch=http&_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es-419&_x_tr_pto=sc Consultado el 21 de mayo 2022

[4] https://seguridad.nexos.com.mx/extorsion-y-cobro-de-piso-la-proteccion-que-inquieta/#_ftn2 Consultado el 21 de mayo 2022

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