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El voto electrónico en Brasil

•          Lula supera a Bolsonaro, pero…

•          Urna biométrica podría vencerlo

COSA DE PRENSA

Javier Rodríguez Lozano

Ciudad de México, lunes 16 de mayo de 2022.- Sin una idea básica de la geopolítica las elecciones como el futbol, son tan impredecibles que solo las encuestadoras y los apostadores ganan, aunque nos mientan:

-En 1998 pocos pensaron que Francia frente a Brasil amañara la Copa Mundial y en 2018 Da Silva sería retirado de la elección por un juez, igual que AMLO seis años atrás por el “Peligro para México” de Calderón.

El próximo 2 de octubre Lula, infinitamente aventajado en las encuestas, intentará regresar a las alcantarillas del falangismo carioca de Mesías Bolsonaro, pero el candidato de la izquierda enfrenta dos enemigos potenciales: El juez Moro, que lo sacó de la jugada presidencial hace seis años, y el voto electrónico, que devoró con todo a Donald Trump en 2020, y que en ningún país del mundo ha acreditado su certeza, desde su aparición oficial en Bélgica en 1989.

La preocupación no es la sucesión presidencial de Brasil, pueblo entrañablemente amado en México y América Latina, sino que para allá vamos los mexicanos, ahí estaremos en 2024, y el voto electrónico amenaza convertirse en “el gran elector”.

Si la memoria histórica no nos engaña, hablábamos antes de una “idea básica de geopolítica”, que nos ayudaría a entender dónde, quién, cómo, cuándo y qué gobierna al mundo; nos explicaríamos por qué el voto electrónico nace formalmente en Bruselas, la capital del sistema financiero global, desde donde se imparten las decisiones del escritorio llamado Club Bilderberg, “los amos del mundo”, en opinión de Daniel Estulin y Cristina Martín Jiménez.

Por ejemplo, desde ahí la OTAN navega hacia Ucrania amenazando la frontera rusa, provocando un conflicto bélico mundial; ahí se formalizan los acuerdos del Foro Económico Mundial de Davos, que luego actualizan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y gobierna globalmente la ONU.

Pero nuestro tema hoy es Brasil, el mismo que durante 13 años estuviera gobernado por Lula da Silvia y Dilma Roussef, que si bien el primero de ellos, ayudara a combatir el hambre de 30 millones de brasileños, la segunda no impidió la corrupción en el petróleo, que le permitiera a Bolsonaro privatizarlo, lo contrario a lo realizado en México por Andrés Manuel López Obrador.

El voto electrónico llegó para quedarse en la tierra de Euclides Da Acunha, autor de Los Sertones –de donde Mario Vargas Llosa sacara La guerra del fin del mundo- en 1995.

En 2002, tras tres elecciones presidenciales fallidas –las de 1989, 1994 y 1998- entre ellas la década desastrosa de Fernando Henrique Cardos, así como de dos vueltas a las urnas, Lula da Silvia lograría imponerse ampliamente a José Serra llevando a la izquierda el poder por primera vez después de una dictadura de 40 años.

En aquellas elecciones presidenciales el 100% de los más de 130 millones de votos fueron electrónicos. Para 2014, en intermedias, 23 millones, un 16% del padrón, utilizarían también la urna biométrica. En este proceso casi nadie pensó que Dilma ganaría, pero vencería con facilidad a Aécio Neves.

El juez Moro –que parece que también contenderá en este 2022, si las condiciones se lo permiten- desde la Suprema Corte impidió que Lula participara en otra elección presidencial, que también prohibió el voto impreso, porque ponía en riesgo el sufragio secreto. Ello impedía poder auditar mejor la votación.

Considerada como la segunda democracia de América después de Estados Unidos, la brasileña se enfrenta en este 2022 a grandes dudas. Hay decepción de aquellos períodos de Lula y Dilma, pero mucho más por lo hecho por Bolsonaro, quizás y con mucho, el gobernante que más ridiculizara al Organismo Mundial de la Salud porque impuso sus propias políticas y para muchos, es responsable de muchas de las 600 mil muertes registradas por la pandemia.

Aquellos millones de brasileños vulnerables que Lula ayudó a mejor comer, regresaron al hambre con Bolsonaro si considera solo uno de los factores inflacionista más fácil de medir: Un litro de gasolina cuesta actualmente unos ocho reales, es decir, 1.50 dólares, o más de 30 pesos mexicanos.

La sucesión presidencial de octubre próximo en Brasil no solo resulta importante para México en términos de geopolítica y democracia en América Latina, sino porque presenta una espléndida oportunidad para medir la efectividad del voto electrónico que –reiteramos- no ha demostrado su certeza en uno de los países del mundo donde ha tenido injerencia.

Si la tendencia no se equivoca y se analiza pormenorizadamente y con visión geopolítica la sucesión presidencial de Brasil, Lula da Silva debe ganar las elecciones y sin bien en 2002 el voto electrónico le ayudó para asumir la Presidencia carioca, podría impedirlo su retorno en este 2022; y si eso ocurriera estaríamos observando que el voto electrónico habría hecho de las suyas.

LA COSA ES QUE…

El pasado 28 de abril, en la mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció su propuesta de iniciativa de Reforma Electoral que enviaría ese mismo jueves al Congreso de la Unión.

Uno de los escenarios posibles –además de la modificación del Instituto Nacional Electoral y la cuantiosa disminución en el costo de la democracia mexicana- es la aparición constitucional del voto electrónico, que nosotros creemos no ha sido suficientemente analizado en México, desde el punto de vista de certeza.

Nosotros creemos que, si el debate en el Congreso le quitara la lupa de encima al voto electrónico, éste podría convertirse en un serio peligro no solo para la 4T en 2024, sino para la democracia mexicana.

Ah, lo del futbol. Bueno, hay mucha nota periodística sobre los amaños en el futbol, España sabe mucho de eso.

¡Qué tal!

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