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CUARTO DE PLANA

Héctor Ramos A.

Este domingo 10 de abril, día inédito para la democracia nacional en que un presidente puso a prueba su permanencia en el encargo, nos levantamos temprano porque la agenda familiar marcaba desayuno con el abuelo, luego ir al juego de los Diablos Rojos del México contra Los Potros de Tijuana en la pretemporada de la liga de Béisbol y pasar a comprar la despensa de la semana, no sin antes ir a la consulta ciudadana de Revocación de Mandato.

Íbamos todos emocionados porque por primera vez votaría mi menor hijo de 18, convencido por la continuación de Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia de la República.

Mi esposa y yo vestidos subliminalmente de color guinda en espera del sufragio, pasamos a la lista nominal en la casilla y ella si estaba menos yo. Qué pasó, pues que no apareció mi nombre porque renové mi credencial de elector y aunque ya la tengo, el corte que hizo el INE para esta consulta se realizó en febrero pasado, según me dicen.

Fue un voto menos para Andrés de los más de 15 millones de sufragios que recibió en las urnas, una cifra muy importante porque no fue una elección presidencial ni intermedia, lo que refleja que la aceptación que tiene el presidente en el país es muy alta si se toma en cuenta que sólo se colocaron una tercera parte de las casillas que, en una elección presidencial o intermedia, de ser así se hubiera alcanzado una cifra seguramente más alta.

Pero lo más importante, es que, a partir la instauración de esta figura democrática, la población podrá decidir en adelante, si el presidente en turno se queda o se va cuando no haga bien su trabajo, cuando se le involucre en actos de corrupción o cuando simplemente no está a la altura de los intereses nacionales y de quienes lo pusieron con su voto en el encargo.

Será una medida de presión para cualquier gobernante, eso se ganó ayer. Esto lo saben los partidos aliados del llamado PRIAN, por eso que en todo momento se opusieron a esta consulta ciudadana a la que tacharon de todo, menos de ser parte de la democracia participativa. Se pusieron en contra de su realización argumentando un gasto innecesario, pero entonces ¿cuáles demócratas son?

Ahora no sólo el presidente pasará por el escrutinio de la gente sino también los gobernadores de los estados de la República cuando sean los mismos ciudadanos que lo soliciten en un número equivalente al 3 por ciento de los inscritos en la lista nominal.

Hoy en la llamada Cuarta Transformación es primordial que el pueblo se haga escuchar, que su opinión cuente, que deje de ser utilizado por las fuerzas políticas en épocas electorales que buscan sólo su voto, pero no más.

Esos millones que acudieron a votar, a favor o en contra de la figura presidencial, lo hicieron a pesar de que, durante todo el proceso previo, el INE, pareció estar más preocupado o interesado en obstaculizar la participación ciudadana que en promoverlo, aun cuando la Constitución política, en el artículo 35 dice que es un derecho ciudadano.

Hoy la oposición dice que con la Revocación de Mandato, AMLO perdió casi la mitad la votación del 2018, pero saben que aun con esa mitad, volvería a ganar la presidencia si fuera el 2018, basta recordar que Meade obtuvo poco más de 9 millones y Anaya 12.6 millones; y eso les pesa rumbo al 2024.

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