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Miguel Martín Felipe Valencia

En las últimas semanas hemos atestiguado cómo José Manuel “Chumel” Torres se ha convertido en uno de los ‘gallos’ con miras al 2024 para el sector opositor más recalcitrante que no solo está en desacuerdo con AMLO, sino que francamente lo odia. Todo ello se deriva de que el presidente ha dicho a manera de broma que el mencionado personaje es el ideólogo de la derecha.

Vale la pena analizar a Chumel como un prototipo del aspiracionismo. Él mismo se asume ‘hijo’ de comediantes concretos de la escena estadounidense que tomaron fuerza durante la administración Obama, donde el clima de euforia progresista que levantó la elección del primer presidente afroamericano significó un boom de la comedia política que satirizaba al conservadurismo local y propugnaba por las causas de inclusión y antirracismo, pero que al mismo tiempo desplegaba mordacidad en contra de los gobiernos progresistas de Latinoamérica.

El statu quo estadounidense es un bipartidismo de facciones aparentemente antagónicas, pero que en esencia son ambas defensoras de distintas visiones del capitalismo. La ideología que sirve como placebo para cumplir con la cuota de supuesto progresismo es el llamado “liberalismo”, cuyos parámetros, al menos en Estados Unidos, están dados en función de causas como el veganismo, el feminismo, la lucha por los derechos de la comunidad LGBT y el ambientalismo. Sin embargo, en lo que a su visión sobre los modos de producción se refiere, no les desagrada el neoliberalismo en lo más mínimo, ni tampoco les interesa la igualdad de oportunidades y acceso a servicios para todos los estratos de la sociedad, ni mucho menos las políticas sociales que prioricen el acabar con la pobreza.

Tal vez de esa confusión de términos e ideologías provenga la desafortunada autoproclamación de Chumel como «mega de izquierda y progresista». Evidentemente, su afán por ser estadounidense, que evidencia en todo momento con una cantidad innecesaria de extranjerismos, lo lleva a sentirse de un tipo de izquierda que no aplica como tal en el contexto mexicano.

Tristemente, Chumel Torres es solo un émulo de tres comediantes concretos que parecen haberlo marcado de por vida. Conozcamos un poco más acerca de ellos.

Jon Stewart

Comediante político autoproclamado “libertario”. Critica habitualmente a los republicanos y empatiza con las causas progresistas como el antirracismo y los derechos de la comunidad LGBT. Sin embargo, el sitio askmen.com, de tendencia MGTOW (Men Going Their Own Way; un movimiento anti feminista integrado mayoritariamente por hombres heterosexuales blancos de clase acomodada), lo ha considerado durante varios años la persona más influyente de Estados Unidos.

John Oliver

Compañero de Stewart en el programa Last week tonight. En su afán por hacer un humor libertario, ha hecho chistes contra Venezuela y Colombia. Le sorprendía que en un ranking apareciera Venezuela con altos índices de corrupción, cuando en Colombia solo se escandalizaban si un soborno excedía los 10 kilogramos de cocaína. También se llegó a trenzar en prolongado duelo de declaraciones irónicas con el ahora expresidente progresista ecuatoriano Rafael Correa. Esto demuestra lo que significa ser liberal en Estados Unidos.

Stephen Colbert

Comenzó haciendo humor político con los dos presentadores mencionados anteriormente. Su participación en The Daily Show interpretando a un presentador de derecha recalcitrante que hacía de contrapunto a las posturas progresistas de Jon Stewart. Posteriormente ha devenido en presentador titular de otros shows nocturnos, en los que combina la opinión política con las referencias a la cultura pop.

Desafortunadamente, gran parte del público mexicano no está preparado para discernir entre analistas políticos y productos de la cultura pop como Torres, cuya más reciente puntada fue decir que «Ernesto Zedillo es el George Harrison de los presidentes priistas».

Termino este artículo mientras suena I want you de Bob Dylan. Aciaga casualidad, pues resulta que es la canción favorita de Chumel. Así las cosas, en este México que, como escribiera Antonio Machado, «quiere vivir y a vivir empieza».

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