Miguel Martín Felipe

La historia de la sociedad mexicana, desde la segunda mitad del siglo 20, está totalmente ligada a la televisión y a la industria cultural en general.

Actualmente vivimos tiempos en que se derrumban mitos y se cuestiona a personajes que anteriormente fueron encumbrados como paladines de la verdad.

La industria cultural penetró tan hondo en nuestras consciencias que nadie cuestionaba las imposiciones. Si una empresa de medios comenzaba a promocionar a una cierta figura prefabricada como lo más laureado en cuanto a preparación y credibilidad, la consecuencia era que los hogares de México adoptaran a ese comunicador como una suerte de amigo o incluso guía espiritual. Yo mismo recuerdo a mi madre respondiendo desde casa verbalmente el saludo de Lolita Ayala por ahí de 1999 en su noticiario de mediodía llamado Muchas Noticias.

Otra figura que en su momento fue vanguardista y después pasó a ser considerada “toda una institución”, como se referían a él en Televisa, fue Jacobo Zabludovsky. Ahora que para muchas personas que comienzan a despertar al progresismo está de moda reivindicar su condición de conversos a través de replicar ciertos clichés superficiales de crítica hacia figuras como él. Está muy difundida la frase “hoy fue un día soleado”, con la que supuestamente dicho comunicador, abogado de formación, por cierto, abrió su emisión del 2 de octubre de 1968 y con la cual desdeñaba y ocultaba la jornada sangrienta que se vivió en Tlatelolco. Concretamente se trata de un mito, pero muy efectivo a la hora de reivindicar ese progresismo obtenido por medio de las redes sociales.

Sin embargo, hay otros episodios de los que sí hay registro. El primero es una entrevista que Jacobo le hiciera a Salvador Dalí en 1971, en la que el genio del surrealismo contaba la maravilla del no tan reciente descubrimiento del ácido desoxirribonucleico (ADN), que se dio en 1953 y les valió en 1962 el Nobel de medicina a Francis Crick y James Watson. Cuando el feneciente artista catalán le platicaba al imberbe comunicador sobre el ácido desoxirribonucleico, Jacobo, exhibiendo una ignorancia supina, preguntó: “¿Usted se lo toma, maestro?”.

O cómo olvidar uno de tantos episodios de censura, como la cobertura del asesinato de Luis Donaldo Colosio, la noche del 23 de marzo de 1994. Dentro de las entrevistas que se recogían afuera del Hospital General de Tijuana, un hombre comenzó a cargar contra Ernesto Ruffo, el entonces gobernador panista de Baja California Norte. Cuando el entrevistado denunciaba una escalada de violencia producto de la mala administración de Ruffo, el enlace se cortó y la imagen volvió al estudio con un Zabludovsky que de momento pareció patidifuso y luego retomó el ritmo de la transmisión ante alguna señal por línea interna que así se lo indicó.

El episodio mediante el cual Televisa encumbró a Victor Trujillo como una autoridad moral sucedió en marzo de 2004, cuando presentó como improvisada la llegada del panista Federico Döring a su estudio de El Mañanero con una cinta que incriminaba a René Bejarano, político muy cercano a AMLO en ese entonces, por recibir dinero en efectivo de manos del empresario Carlos Ahumada. La realidad es que desde la noche anterior se recibió el material original en las instalaciones de Chapultepec 18 para hacer una conversión de formato, y la edición pertinente, que incluía difuminar de manera muy conveniente el rostro de Ahumada.

Son muchas y muy variadas las historias que podemos traer a colación y que nos dan contexto para saber que no es gratuita la aparente carga del presidente en contra de todo lo que representan esas figuras decadentes del corporativismo mediático, porque es un asunto que no puede dejar de ser visibilizado, para así revertir el enorme daño que le propinaron a la vida política del país y a la psique colectiva.

Twitter: @miguelmartinfe

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