CUARTO DE PLANA

HÉCTOR RAMOS A.

En días pasado leía con atención un artículo periodístico de Carlos Fazio sobre el concepto que CJ Hopkins tiene sobre el totalitarismo, a propósito de lo que está pasando con la pandemia del COVID 19 en algunas de las naciones de Europa, en donde pareciera que se pretende ejercer esta ideología política antidemocrática en Francia, Alemania e Italia, principalmente, países que de una y otra manera han vivido los efectos de los regímenes nazis y fascistas, gobiernos de carácter ultranacionalistas, que la utilizaron para tener el control de toda una población y obtener cierta legitimidad a sus actos criminales.

Hopkins llama que lo que se está ejerciendo ahora en la Europa es lo que llama un totalitarismo capitalista global en donde “los que están en el poder instrumentalizan a las masas para imponer la conformidad con su ideología oficial. El totalitarismo, es como su forma más extrema y peligrosamente paranoica y fanática”.

Para ello, continúa Hopkins, las clases dominantes y los medios corporativos a su servicio conocen los hechos y saben que estos contradicen sus narrativas, pero no les importa, porque no se trata de hechos, sino de poder.

Este político, catalogado como irónico, aborda el tema entonces de los movimientos anti vacunos del Covid, que acusan a sus gobiernos y de sus medios de hacer uso de una política totalitaria con el único propósito de obligarlos a inocularse contra lo que ellos consideran “vacunas experimentales”, porque no hay evidencia que frenen al virus, entre otras muchas argumentaciones.

En México algunos intentos de estas prácticas autoritarias se han querido ejercer sobre todo en estados gobernados por la derecha en la que intentan hacer obligatorio el vacunarse hasta ejercer el toque de queda, usando como arma política e ideológica el miedo a la “enfermedad, a la infección y la muerte”, hasta sembrar el pánico entre la población para acceder a sus caprichos políticos y hacer creer que se actúa responsablemente ante sus gobernados, quienes débiles de carácter e ideología propia, aceptan lo que les dicta las autoridades quien les inyecta una propaganda que crea paranoia constante.

Esto con ayuda de los medios tendenciosos, sensacionalistas que reproducen camillas con gente aspirando oxígeno, salas repletas de enfermos de “Covid” o como al principio de la pandemia en el 2019, cuando surgieron imágenes de África y Centroamérica, en donde se apreciaba a persona tiradas en plena calle “muriendo”, pero que nadie nunca exigió aclarar la veracidad de esas tomas televisivas o fotografías, el fin era crear miedo, hacerles creer toda una realidad virtual.

Esta práctica se está reviviendo con los nuevos contagios por Ómicron, donde apresurados los medios empezaron a propagar que esta nueva cepa que era más peligrosa que la anterior y de inmediato se encendieron las alarmas del miedo y hoy se vuelcan las grandes filas en clínicas y hospitales, en busca de las pruebas rápidas y de PCR, no así de hospitalizaciones, al grado de querer provocar un caos de salud pública, que a nadie conviene, y en donde el gobierno de la ciudad ha recomendado que ante cualquier síntoma, es mejor aislarse, que salir a buscar una prueba de antígenos.

Dentro de la manipulación mediática, seguimos viendo imágenes con pacientes entubados cuando es mucho menor agresiva esta cepa, tiene un fondo político: cosechar lodo contra el sistema de salud del gobierno federal para seguir intentando minar la descalificación política del gobierno federal en turno. No se olvide que la práctica de esta manipulación del miedo es representativa de los poderes de la ultraderecha.

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