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Miguel Martín Felipe

Puede resultar lugar común la afirmación de que este ha sido un año especial, pero la verdad es que 2021 es una bisagra en la historia de México por diversas razones.

Este ha sido un año crucial para lidiar con la pandemia de COVID-19 a nivel mundial. En México se logró vacunar a la totalidad de población adulta, aunque ciertamente se sigue padeciendo el fuerte impacto en la economía mundial.

Las condiciones políticas no han cambiado demasiado durante este año, incluso se ha incrementado la popularidad del presidente AMLO, pudiera ser que por la actuación de su administración con respecto a las ya mencionadas vacunas. Por parte de la oposición se recuerdan episodios lamentables como el de Lilly Téllez entregándole un “cetro” de manera burlesca como “pequeño virrey de las camas vacías” a Hugo López-Gatell, o el intento de contrarrestar las mañaneras por parte de Kenia López Rabadán.

Los medios corporativos fenecen lenta e inexorablemente. No les ha funcionado ni siquiera trasladar su fórmula al ámbito de las redes sociales. El ejemplo más claro es la plataforma Latinus y su estrategia que se divide en dos ejes: golpear al presidente y hacer propaganda en favor de sus opositores con miras al 2024, tanto de los políticos, como de Claudio X. González, empresario que enarbola la bandera de “trabajar por México” y que sigue y seguirá en busca de un alfil para la tan esperada elección, al tiempo que es exhibido en toda su miseria humana, pese a la pulcritud que pretende proyectar.

Otro ámbito que desafortunadamente está en franca decadencia es el de la intelectualidad. Este no es solo síntoma de México. Cuesta mucho trabajo citar una aportación ideológica o metodológica concreta que haga las veces de faro para un movimiento social actual. Seguimos tomando como referencia parámetros que datan al menos de hace 50 años. La intelectualidad latinoamericana, pero más precisamente la mexicana, se enconcharon en solo ser soportes honorarios de regímenes neoliberales, con apariciones esporádicas en los medios y una producción literaria de circunloquio que jamás logró hacer escuela. Flotan por ahí los espíritus de Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín y otros esbirros menores como Marco Levario, Leo Zuckermann o Julio Patán. Existen y ya, como Alpha Centauri, con un brillo relativo, una lejanía razonable, y sin influencia real sobre nuestras vidas.

A través de las redes sociales, que siguen siendo inasibles para el esquema de los medios corporativos, cada vez más personas se politizan y toman una postura. Durante muchas décadas, en este país se votó con base en prejuicios, costumbres, corazonadas o la coacción de los medios. En este sentido, vivimos una época dorada en que la política no es un tabú, sino que el pueblo llano está descubriendo una nueva pasión, incluso un nuevo vicio. Los que creamos contenido en redes sociales tenemos una enorme responsabilidad para que las audiencias reciban algo más sustancioso que solo porras y alabanzas obradoristas. Hay que articular un nuevo discurso y para eso necesitamos seguir leyendo y ampliando nuestro bagaje para desarrollar una mejor capacidad de análisis.

Deseo, queridos lectores, que este nuevo año esté marcado por una salud inquebrantable, una tranquilidad imperturbable, una empatía cálida y sin distinciones, así como una capacidad de asombro pura e infantil. Gracias por seguirme en este camino tortuoso, pero a la vez satisfactorio e inolvidable, donde cada vez que miro a mi alrededor descubro que hay junto a mí más gente comprometida con el humanismo y con la genuina transformación del país en todos los órdenes.

Que pasen una celebración cálida y tranquila (o eufórica y desenfrenada, qué más da) con sus familiares. Presento mis respetos a quienes nos dejaron en 2021 y espero que el 2022 sea otro año de despertares y aperturas de conciencia.

Twitter: @miguelmartinfe

YouTube: Al Aire con Miguel Martín

Facebook: Miguel Martín Felipe Valencia

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