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Supera a todos sus antecesores

•          Hizo historia y les exigió cuentas

•          Se fue a meter a la boca del lobo

•          Principal obstáculo, la corrupción

•          Sociedad cada vez más liberticida

Javier Rodríguez Lozano

En los primeros tres párrafos del discurso del primer Presidente mexicano que preside el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, privilegio no igualado por ninguno de sus nueve homónimos antecesores a otro nivel -desde 1947 con Miguel Alemán y hasta 2018 con Enrique Peña Nieto-, Andrés Manuel López Obrador hizo historia al mirar a los ojos, cara a cara, al poder global, y exigirle cuentas.

Él sabe muy bien cómo, quién, cuándo y por qué se fundó la ONU, Gobierno Global que domina al mundo y a todos sus poderes visibles e invisibles, desde los gobernantes de sus 200 países afiliados, las conflagraciones bélicas y los conflictos internacionales y hasta las manifestaciones antigobiernistas en México y América Latina y su crimen organizado, y ayer, en la propia boca del lobo, les leyó la cartilla y les reclamó el Mandatario mexicano:

1.- No vengo a hablar de seguridad como sinónimo de poderío militar ni como argumento para el empleo de la fuerza contra nadie; en cambio, mi planteamiento se basa en lo que postuló ese titán de las libertades, según Pablo Neruda, que fue el Presidente Franklin Delano Roosevelt cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas: el derecho a una vida libre de temores y miserias, que sigue siendo el más sólido fundamento de la seguridad para todas las sociedades y los Estados.

2.- El principal obstáculo para el ejercicio de ese derecho es la corrupción en todas sus expresiones: los poderes trasnacionales, la opulencia y la frivolidad como formas de vida de las élites, el modelo neoliberal, que socializa pérdidas, privatiza ganancias y alienta el saqueo de los recursos naturales y de los bienes de los pueblos y naciones.

3.- Es corrupción el que tribunales castiguen a quienes no tienen con qué comprar su inocencia y protejan a potentados y a grandes corporaciones empresariales que roban al erario o no pagan impuestos. Es corrupción la impunidad de quienes solapan y esconden fondos ilícitos en paraísos fiscales. Y es corrupción también la usura que practican accionistas y administradores de los llamados fondos buitres, sin perder siquiera su respetabilidad.

Por supuesto, en las mil 492 palabras que le siguieron a estos tres primeros párrafos, el Presidente López Obrador le dio a su país una dignidad que nunca antes tuviera en el escenario mundial.

Ninguno de sus antecesores:  Miguel Alemán Valdés en 1947; Adolfo López Mateos 1959 y 1962 (como expresidente); Luis Echeverría Álvarez 1974; José López Portillo 1982; (Miguel de la Madrid habló en la Unesco en 1985 y no hay datos de su asistencia a la ONU); Carlos Salinas de Gortari 1990 y 1994; Ernesto Zedillo 1998; Vicente Fox 2001, 2002, 2003, 2005 y 2006; Felipe Calderón Hinojosa 2008, 2011 y 2012; y Enrique Peña Nieto con varias asistencias, la última en 2016, se acercó remotamente al privilegio de AMLO en la ONU, en este 2021.

Obsérvese cómo después de la globalización o el neoliberalismo iniciados en México por Miguel de la Madrid, sus sucesores fueron los presidentes mexicanos más asiduos a la ONU, Gobierno Global desde el cual se acordó la globalización y el neoliberalismo a los que ayer, el Presidente López Obrador acreditó todos los males de la humanidad.

Hablemos de globalización y neoliberalismo

Hace un año, en marco de la cobertura de COSA DE PRENSA del proceso electoral de Estados Unidos entre Joe Biden y Donald Trump, el 2 de diciembre de 2020, hablamos de las movilizaciones en París, Londres y Frankfurt, con “una proclama que cala hondo en estos nuevos tiempos”.

Se trataba de una pancarta parisina que se quejaba de la brutalidad policiaca, que reprochaba contundente: “Somos una sociedad cada vez más ‘liberticida”.

¿Qué quiere decir eso?

Que los actuales -dijimos entonces- ya no son tiempos en que los pueblos defienden con todo a sus sociedades.

Por menos surgieron todos los imperios, desde el Otomano hasta el Romano, y la Revolución Francesa, la Carta de Filadelfia, la Guerra de Secesión y las revoluciones Rusa y la Mexicana, por decir lo menos.

Hace un año China nos receta una pandemia y el Gobierno Global les impone sus políticas unilaterales a sus 193 países miembros, excepto a Palestina y El Estado Vaticano, no afiliados a la Organización de Naciones Unidas, y por tanto, tampoco sujetos a los dictados de la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, el virus de Wuhan ha logrado acallar las armas entre Hamas e Israel en la Franja de Gaza y en la Santa Sede no menos agobiada por ese pandemónium, el Papa Francisco construye “La nueva fraternidad” de la feligresía católica en el mundo.

No es el caso de Estados Unidos, donde el pasado 3 de noviembre votaron casi 150 millones de estadunidenses, 74 millones de ellos al parecer lo hicieron por Donald Trump y al menos 60 millones (20 millones menos de los que presume), al parecer también fueron para Biden.

El vecino país del norte está muy en el sentimiento cálido de las y los mexicanos, tantito porque la mayor parte de aquel territorio es de raíces mexicanas, y tantito porque no existe aquí familia mexicana sin familiares viviendo el sueño americano allá, allende el Río Bravo.

Vamos para un mes (dijimos aquel 2 de diciembre de 2020), que el Presidente Donald Trump grita con fuerza el fraude electoral que devastó a la democracia americana en la que todos creíamos y la prensa mundial, el principal ariete del Gobierno Global, acalla aquellos gritos y se limita a sostener a un “presidente electo” ilegítimo.

Pudiera pensarse que es ahí, en el pueblo estadunidense y dicho con el mayor de los respetos, donde al ignorar un fraude electoral ostensible, documentado en más de cinco mil pruebas irrefutables, se manifiesta la mayor “liberticidad” del mundo, es decir, como si no importara la pérdida de libertades que ese fraude electoral significa.

Pero no es así, es simplemente lo más escandaloso que se puede ver, cuando el sistema americano por vez primera en su historia se encamina a legitimar lo ilegitimable; esto es, a validar el triunfo del Mal sobre el Bien y de suceder así, Estados Unidos ya no será el país que conocimos.

La “sociedad cada más vez ‘liberticida” no sólo se manifiesta en quienes tolerarán ese fraude en la Unión Americana, sino en los 192 países restantes miembros de la ONU, que no están haciendo absolutamente nada por el Nuevo Orden Mundial que se prepara para lanzar en enero próximo en el Foro Económico de Davos.

“No serás dueño de nada, pero serás feliz”, es el lema del Nuevo Orden Mundial.

El Banco Central Europeo ya prepara la moneda digital que sustituirá a los dólares, con la que se otorgará a la población mundial una “Renta Básica Universal”; nadie será dueño de nada, pero la clase dominante conservará sus privilegios materiales.

Y ya empezaron las movilizaciones sociales para tratar de impedirlo. Primero París, Londres y Frankfurt viejo; en esta semana seguirá la protesta en algunas ciudades estadunidenses que visitará Trump para defender su triunfo electoral, dijimos nosotros en este espacio hace un año.

LA COSA ES QUE…

Hace un año alertamos de los peligros del Nuevo Orden Mundial

Algo pasó porque está detenida la propuesta del Foro Económico Mundial, que viene a ser el escritorio desde el cual las 130 mujeres y hombres más ricos del mundo y de la ONU, en el Club Bilderberg deciden cada mes de mayo de todos los años desde 1954 hacia dónde debe ir la humanidad.

Ah bueno, pues el día de ayer, en la máxima tribuna del Consejo de Seguridad de la ONU, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, criticó -sin decirlo nunca de manera directa ni ostensible- más de muchas veces, aquél Nuevo Orden Mundial que nos quiere hacer dueños de nada, para legitimar y globalizar la pobreza, y eternizar la riqueza de unos cuantos.

¡Qué tal!

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