• Entrevista al Doctor Carlos Flores

Por José Sobrevilla

La academia, hoy tan vapuleada y exhibida justa o injustamente como fuente de corrupción, históricamente ha rendido importantes frutos para el análisis y la comprensión de los fenómenos sociales que forman parte de la realidad de un país como el que vivimos actualmente; y –sin duda– uno de sus exponentes ha sido Carlos Flores, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología social, CIESAS; doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, con líneas de investigación en corrupción asociada al tráfico de drogas y delincuencia organizada.

Del tema, el autor ha publicado y coordinado diversos libros e impartido conferencias en prestigiadas Universidades como la de Londres, Reino Unido; el Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina; el Centro de Historia Global en la Universidad de Warwick, Reino Unido también; la Universidad Andina Simón Bolívar, en Ecuador; la Universidad de Oslo; la de Bergen; en el Institute of International Relations Clingendael de Holanda; y otras instituciones universitarias de Pittsburgh, Massachusetts, Brown, Connecticut, Connecticut College y Holly Cross College, en Estados Unidos; así como también en la Pontificia Universidad Católica de Sao Paulo, Brasil, por mencionar algunas.  

El 28 de septiembre (2021), el colega periodista Raúl Fraga avisó a este corresponsal que nuestro amigo Carlos Antonio Flores Pérez a quien ya habíamos entrevistado en otras ocasiones, presentaría (al siguiente día) su más reciente libro “Negocios de sombras. Red de poder hegemónica, contrabando, tráfico de drogas y lavado de dinero en Nuevo León” (CIESAS/La Casa Chata) y que lo acompañaría en la presentación el especialista Dr. Luis Astorga y el también amigo doctor Edgardo Buscaglia. Esta interesante presentación, vía zoom, fue organizada por el CIESAS y, por demás, los datos aportados fueron tan interesantes que solicitamos nuevamente la entrevista con el doctor Carlos Flores, y durante la cual nos comentó que hacer este libro le llevó cinco años.

– ¿Cinco años, Carlos?

– Sí, porque es muy detallado andar buscando en archivos, hemerotecas, además que, de tanta información que hay disponible en esas fuentes, se tiene que rastrear con cuidado, lo que sirve, lo que no, vinculando, ir hilando muy fino cada uno de los datos.

– ¿Cómo nació la idea de escribirlo?

Yo había escrito uno previo sobre Tamaulipas (Historias de polvo y sangre. Génesis y evolución del tráfico de drogas en el Estado de Tamaulipas (2013, CIESAS), entonces las referencias de actores de Nuevo León eran muchas y, un interés fundamental era cómo se continuaba la operación de esos personajes y sus contrapartes neoleonesas. En principio, la pregunta fue ¿por qué Nuevo León?, si uno asume que es un Estado de gran desarrollo económico que difícilmente se pensaría que tendrían actores que tuvieran necesidad de involucrarse en este tipo de actividades; pero no, a lo largo de la historia contemporánea siempre ha sido binomio inseparable.

En un principio, en el caso de Tamaulipas, había identificado actores de poder político; lo interesante aquí era encontrar actores de poder económico de acuerdo con lo que la evidencia mostraba. “Esta es una investigación académica. Yo doy indicios en función a lo que me encuentro en los archivos, en las fuentes abiertas, sin otra pretensión, pero el asunto es que muchos de esos datos parecen convalidar todo ese tipo de relaciones”.

– ¿Cómo describirías la “Red hegemónica” que mencionas en “Negocios de sombras”?

– Son actores de acuerdo con otras teorías del estado, diferentes a las más tradicionales; me basé mucho en la que concibe al estado no como la construcción ideal de un contrato social en su expresión empírica real, sino en la que se ha ido articulando como monopolio de violencia, pero que no necesariamente fue legítima en su inicio, sino que la han desarrollado actores violentos, buscando ante todo beneficiar a sus propios intereses y los de sus asociados económicos.

Lo que defino como “redes hegemónicas” es este tipo de actores que mezclados a procesos o momentos históricos de amplia redistribución de recursos sociales disponibles (económicos, políticos), logran configurar circuitos institucionales que están generándose por parte del Estado a favor de sus propios intereses y de sus socios, que algunas veces no solo son legales sino ilegales y garantizan impunidad llegando a permitir un patrón de acumulación económico, alternativo, paralelo, donde confluyen recursos de curso legal como ilegal brindando mayor preeminencia en términos tanto políticos como económicos.

– ¿Qué hallazgos informativos fueron los que más te impactaron?

La presencia de actores políticos de primer nivel, porque en el imaginario que se da en la perspectiva política actual, de actores institucionales, que en todo momento están interesados en combatir la delincuencia, en hacer cumplir el estado de derecho, lo que vemos, por lo contrario, es una imbricación, una simbiosis muy añeja, que arranca –en el caso mexicano– desde los tiempos de la posrevolución y se extiende hasta la etapa más cercana de nuestros años.

Y al mismo tiempo ver cómo, sin generalizar, no digo que todo el empresariado esté en este tipo de actividades, algunos actores de orden empresarial, que uno pensaría ‘no tienen ninguna necesidad de involucrarse en este tipo de actividades’, pues de acuerdo con la información que aparece en fondos documentales como los de la Dirección Federal de Seguridad, con evidencia de las propias notas de prensa de la época, aparecen vinculados en contrabandos; entonces esta imagen combina actividades legales con ilegales…

– De acuerdo a tu libro “Ningún presidente de la República ha sido ajeno a la influencia de la delincuencia construida desde el poder político-económico” ¿De Nuevo León a México? 

– Hay diferencias, matices. Es difícil suponer –por ejemplo– que para el nivel de información que tiene un Presidente, no tuviera conocimiento de los casos, lo que no significa que hubiera un involucramiento directo, aunque en algunos casos, los circuitos cercanos en las familias presidenciales o directamente de ellas, parecen evidenciar que hubiera vínculos semejantes.

No es propiamente que salga de Nuevo León al resto del país. Yo creo que ahí, en esas cuestiones de simbiosis, vemos una confluencia de actores. En la red que estamos analizando, los hay que son locales, pero que su papel no podría haberse desarrollado con la notoriedad, la fuerza con que lo hicieron, sino fuera por la cooperación y apoyo de los figurantes federales.

Tampoco se trata de un problema de Nuevo León que abarca, digamos, después a una estructura de poder central que fuera impoluto, incorruptible, no. Más bien, en la lógica en que se va articulando la red de poder, había actores federales que brindaban protección a actores en los estados, a través de instituciones de representación federal y los propios locales.   

No se trata de las imágenes que generalmente vemos en los espacios de comunicación social de muchas instituciones de seguridad; por ejemplo, que nos hablan de organigramas claros con relativamente pocos personajes; en realidad uno va viendo la complejidad con independencia del tipo de grado de responsabilidad que puedan tener eventualmente; cuando uno ve la cantidad de actores que están formando parte de estas redes, son macro redes de actores.

En este caso, de los personajes de relevancia que pude detectar en mi investigación, fueron 876; aunque no todos tuvieron el mismo grado de participación, pero sí son actores de interés y, por la forma en que se desarrollan en el texto, se verá que no fueron incluidos de manera fortuita.

– Esos personajes, sin duda hoy siguen siendo fuertes ¿No?

– Una de las características de esas redes de poder es su carácter dinástico; perduran al paso del tiempo por la posibilidad de que, quien esté ocupando una posición de influencia, pueda nombrar subordinados que estén garantizando esos mismos intereses, no en todos y cada uno de los rincones de las instituciones, pero sí nombrar a personajes en posiciones clave. Aunque cambien de operadores delictivos, esencialmente se siguen enriqueciendo de actividades ilícitas.

Por otra parte, cuando hay condiciones que, sin ser garantía, favorecen, como Consejos de Administración de empresas que de manera frecuente aparecen ligadas a actividades delictivas, y que su misma reiteración demuestra que no se han tomado las medidas necesarias por parte de esas empresas para evitar su comisión; lo que nos habla de dos posibles escenarios; uno que es negligencia, y otro, participación directa en el ilícito.

– De acuerdo con la experiencia de esta investigación ¿Cómo se podría romper con la política de “abrazos y no balazos” para un combate serio de la violencia delictiva en México?

– Uno de los puntos que yo consideraría muy necesarios es buscar esquemas de coordinación mucho más consistentes. No me refiero únicamente a las reuniones periódicas que puedan tener titulares de dependencias; me refiero más a una coordinación operativa con una lógica como de ‘grupos de tarea’. Esto ha funcionado en otros países.

Tú tienes la disposición de formar un grupo de tarea para desarticular cierta red criminal regional, por ejemplo; entonces los órganos de inteligencia deben tener una representación ahí que sea capaz de jalar recursos, la información de su dependencia, y ponerlos directamente en marcha para esta investigación. Lo mismo sucede con Inteligencia militar, naval, Inteligencia Financiera y, sobre todo, la Fiscalía, porque lo fundamental es la aplicación del derecho. Ese sería un mecanismo necesario.

Esta obra, Negocios de Sombras, de Carlos Flores, es importante porque revela la red de actores que van desde políticos, militares, y empresarios que empezaron implicándose en el contrabando, hasta llegar al tráfico de drogas. Ahí aparecen personajes como Juan Nepomuceno Guerra, tío de Juan García Ábrego –fundador y jefe del Cártel del Golfo, respectivamente– quien fuera uno de los financieros de la campaña de Miguel Alemán Velasco, de acuerdo con las fichas consultadas en el Archivo General de la Nación por el autor.

También se refiere al General Bonifacio Salinas Leal, quien cargó con la fama de brindar protección de grupos de contrabandistas y su impunidad fue gracias a que era amigo personal de Miguel Alemán. Bonifacio Salinas Leal, dice el investigador, “era el dueño real de “Molinas Azteca”, lo que más tarde se convirtió en MASECA, otra concesión otorgada desde el poder en el sexenio de Alemán, que terminó beneficiando –hasta la fecha– a la familia Hank González, dueños de Banorte y socios importantes de la empresa que durante el Gobierno de Carlos Salinas dirigió el señor Roberto González Barrera, “El Maseco”[1].

– ¿Dónde puede conseguirse este libro?

– Directamente en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS de la UNAM. En la página web (https://ciesas.edu.mx/) hay un apartado que dice “Librería” donde se puede obtener en versión electrónica (antes $126.00, hoy $100.80); y, respecto a la versión impresa, se puede escribir al correo que es ventas@ciesas.edu.mx que, ahorita por la “pandemia”, la librería de nuestra institución se encuentra cerrada, pero el envío es gratuito a toda la república.


[1] Ricardo Ravelo, “El crimen, inexplicable sin el poder político” https://www.sinembargo.mx/12-03-2021/3950077 Consultado el 04.10.2021

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