Miguel Martín Felipe Valencia

En estos aciagos días de 2021, cuando repuntan los casos de COVID-19, nos encontramos con una noticia que tiene más trasfondo del que aparenta. Me refiero al fallecimiento del personaje conocido como “Sammy” Pérez a causa de la citada enfermedad el 30 de julio.

Más allá del siempre recurrente reclamo a quienes “lo lanzaron al estrellato”, para que se hagan presentes a través de redes sociales (que es lo que a mucha gente le importa) y mostrar sus respetos al amateur de la actuación, hay un asunto mucho más delicado que pocos se han atrevido a destacar: Sammy siempre evidenció una discapacidad mental y los comediantes de Televisa se sirvieron de dicha condición para hacer comedia a través de ridiculizarlo en cadena nacional.

La preferencia del star system por personas en una situación de desventaja social como son las condiciones de enanismo, retraso mental, deterioro por adicciones o cualquier otra condición, no es nada nuevo, pues viene de la tradición circense. Si se quiere acudir a un referente obligado, habría que ver la película Freaks (Tod Browning, 1932). En ella se desmitifica la naturaleza monstruosa de las personas que entonces eran conocidas como “fenómenos”, cuando en realidad se trataba de personas con discapacidad. Si bien la película tiene una intención de provocación para con una sociedad que tiende siempre al rechazo y al morbo, es un documento muy interesante para dar contexto a esa tradición que continuó también en el cine mexicano, donde personas con enanismo se incluyeron en los cuadros actorales; Tun Tun, el “enano” Santanón e incluso el siempre presente Margarito, fueron patiños de los cómicos laureados en la época de oro del cine mexicano.

Sin embargo, pasada esa época de cierta inocencia, la televisión fue ganando poco a poco más terreno hasta instalarse como el referente principal de la cultura mexicana sobre el final del siglo XX. A finales de los años 80, Televisa dominaba el imaginario popular con sus programas de entretenimiento en los cuales se explotó aún más la figura del patiño al que se golpeaba y se vituperaba ante la cámara con el fin de hacer a partir de ello una rutina que al público le pareciera divertida. Se recuerda esa dinámica por parte de Paco Stanley hacia Mario Bezares en distintos programas que se transmitían a media tarde, en el horario en que el grueso de los estudiantes de educación básica regresaba a casa y así se alimentaba de material para replicar esas conductas en la escuela y en el hogar.

A principios de los 90, en el canal de cable Telehit, perteneciente a Televisa, se comenzó a transmitir un programa desenfadado y sin mucha estructura llamado El Calabozo, “conducido” por Esteban Arce y Jorge Van Rankin, ambos jóvenes potentados provenientes de las familias enraizadas en la televisora, y que obtuvieron la oportunidad de regentar un espacio donde imperaba un ambiente tropicalizado de generación x que fluctuaba entre lo barrio y lo pequeñoburgués. Fue en ese espacio donde comenzó a ser invitado Samuel “Sammy” Pérez, al principio como parte del público dentro del foro y luego como parte del show. Lo que a ambos conductores con espíritu de bully de secundaria les llamó la atención fue la tropezante manera de hablar de Sammy, causada muy probablemente por una dislexia severa y alguna otra limitación cognitiva. El espectáculo a partir de Sammy consistía en hacerle preguntas y carcajearse mientras él intentaba contestar entre un accidentado y trastabillante discurso, producto de la innegable discapacidad que lo aquejaba. Asimismo, el pedirle que bailara hacía las delicias de un público ávido de regodearse en el evidente desfase de Sammy con respecto a la infame realidad que lo rodeaba.

En la próxima entrega hablaré de la verdadera masificación de Sammy y de otros personajes pertenecientes a minorías que fueron utilizados como carne de cañón por parte de Derbez y el siempre infame (pese a su aparente redención) Facundo.

Años más tarde, otro encumbrado de Televisa, debido a su estirpe, se convirtió en referente de la televisora después de emanciparse del staff de cómicos de Anabel Ferreira. Eugenio Derbez comenzó a tener espacios propios con una clara estrategia de branding a partir de su nombre. Primero fue Derbez en cuando, luego Al Derecho y al Derbez, posteriormente vino XHDerbez. Sus programas siempre formaron parte de la barra estelar de Televisa dentro del canal 2, nombrado por ellos como “El canal de las Estrellas”. En estos programas, Derbez se sirvió de Sammy y de otro amateur igualmente en condiciones de retraso mental llamado Miguel Luis.

Desde finales de la década de los 90 e inicios de 2000, irrumpe en la televisión abierta un personaje extraído de Telehit: Facundo Gómez, una especie de entertainer cínico de extracción aristocrática al que desde un principio se promocionó como “irreverente”, quizás en el fondo apelando a que este adjetivo ha tenido en el imaginario colectivo una connotación positiva cuando se calificó de misma forma a figuras como Salvador Dalí, Luis Buñuel o David Bowie, y se sobreentiende que aquí aplica la frase “guardando las distancias”.

Facundo fue un poco más allá en el uso de personas en situación de desventaja social con fines humorísticos. Introdujo a un personaje apodado “changoleón”, un hombre alcohólico en situación de indigencia que rondaba por los jardines públicos de Coyoacán. En sus programas Incógnito, Untranseunte y Turnocturno, emitidos en las pantallas de Televisa sobre todo durante la primera década del 2000, Facundo llevó al límite el margen de tolerancia que podía tener la CONAPRED al conformar un equipo al que llamó “los superminds”, en el cual integró a Sammy, Miguel Luis Margarito, Changoleón y algunos otros personajes con una u otra discapacidad a los que exhibía para hacer las delicias de un público juvenil cada vez menos empático y deshumanizado a causa de tantas décadas de “humor manchado” que legitimaba el bullying y la exclusión en cadena nacional.

Paradójicamente, cada año había un momento puntual en que Televisa se convertía en la empresa más sensible a la discapacidad, aprovechando el vacío de los gobiernos neoliberales en cuanto a la ayuda que debiera proporcionarse a las personas con discapacidad. Inicialmente el Teletón de Televisa nació en 1997 y se celebró como maratón televisivo en septiembre de ese año. En años subsecuentes se celebró en diciembre. Consistía en copiar de cierta manera el modelo de la llamada Teletón de Chile, un hito televisivo que se implementó en el país andino por primera vez en 1978 con el demagógico fin de recaudar dinero para los pobres, con el beneplácito de Pinochet y la conducción de Mario Kreutzberger “Don Francisco”.

En México se integró la Fundación Teletón, de la que en su momento formaron parte algunos de los empresarios actualmente identificados como golpistas, como Fernando Landeros o Claudio X. González. El objetivo manifiesto de esta iniciativa era obtener recursos para construir centros de rehabilitación para los niños con discapacidad, mientras que el objetivo velado y no menos importante era la deducción o condonación de impuestos para la clase empresarial mexicana.

Y aunque no había humoristas manchados como parte del carrusel de actuaciones en las magnas celebraciones del Teletón y a los habituales freaks se les escondía convenientemente, sí había un muy marcado uso de muchos niños en situaciones deplorables de pobreza combinada con discapacidad para fomentar en el espectador la iniciativa de donar para la causa a través del melodrama y el chantaje. Basta con recordar el infalible llanto de Lucerito rodeada de niños que jamás podrían aspirar a la “perfección” que ella proyectaba, todo con el fin de conmover al espectador promedio para que saliera corriendo a depositar en una de tantas sucursales de Banamex que convenientemente permanecían abiertas toda la noche para recibir “amor”.

Puede ser que con la poco llorada muerte de Sammy se acabe una época que no debería por ningún motivo de volver, porque muchos apostamos por la madurez de la sociedad y prácticamente la construcción de una nueva donde el escarnio, la burla y la segregación sean una práctica olvidada. Sin embargo, lo que no debemos olvidar y debemos seguirlo comentando es esto que pongo a su consideración, querido lector, porque tal vez de los errores del pasado más inmediato es de los que debiéramos aprender más.

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