• Mandan a la morgue a bebé vivo
  • Les cambiaron a sus difuntos

 SÓLO EN MÉXICO 

Brenda Fonseca

Dicen que como los mexicanos no hay dos y es que ni Dios salvó a un sacerdote, quien ahora sí supo lo que era el infierno en vida, esto luego de que fue detenido y encarcelado por autoridades indígenas, quienes lo cacharon “dándole” -y no precisamente la comunión- a una mujer, sí como lo lee, pillaron al padrecito teniendo relaciones sexuales, bajo el amparo de la noche. Esta historia que bien podríamos llamarle “El crimen del padre Peter”, fue protagonizada por Pedro Hernández Santos, vicario de la Parroquia de San Juan Bautista, en Tamazunchale, San Luis Potosí, quien el fin de semana pasado salió de su iglesia rumbo a Texquitote Primero (Así se llama la comunidad), con la misión de darle los santos óleos a un moribundo; la cuestión es que después de esto no regresó a la parroquia. A la mañana siguiente, cuando a las 7 de la mañana las campanas repicaron y el pueblo acudió a la misa matutina, el púlpito lució vacío; ante la inusual ausencia del padrecito, los feligreses fueron a buscarlo a su casa ubicada a las espaldas de la iglesia, sólo para descubrir que no llegó a dormir, pues su cama estaba intacta. De inmediato empezaron las especulaciones, que si lo secuestraron, que si lo mataron, que si vaya usted a saber cuánta cosa le pudo haber sucedido a este sacrosanto hombre, pero nadie atinó a la verdad. Y es que después de que todo el mundo lo daba por desaparecido y hasta las damas de la “vela perpetua” le organizaban el novenario, el Obispo Roberto Yenny García salió a decir que ya habían tenido contacto con el prelado, que se encontraba sano y salvo, pero que le habían dado “vacaciones”. La realidad es que el padrecito no estaba muerto andaba de parranda, pues acá entre nos se supo que cuando las autoridades de Tamazunchale fueron a buscarlo a la comunidad de Texquitote, la policía de este sitio informó que un sujeto, quien se negaba a identificarse, permanecía preso desde hace 19 horas. Al acudir a la celda con asombro y cierto alivio los feligreses de Tamazunchale comprobaron que se trataba del sacerdote; pero a lo que no dieron crédito fue al enterarse que el padrecito fue sorprendido por elementos del Consejo de Vigilancia de la localidad, teniendo relaciones sexuales con una mujer de quien se omitió su nombre. Los guardianes del orden narraron que al filo de las 11 de la noche, mientras realizaban un rondín de vigilancia, escucharon ruidos extraños que provenían de una milpa, al acercarse se percataron de que se trataba de los jadeos de una mujer, al alumbrar el lugar, los uniformados cacharon a la parejita desnuda en pleno acto sexual, por lo que así sin pantalones el prelado fue llevado a la patrulla, mientras la damita a la que le daba el “servicio religioso” (pues nadie negará que la llevó a la gloria), se vestía. Los calenturientos fueron presentados en la delegación comunal por faltas a la moral, donde el hombre se negó a revelar su nombre, pues con ello, pronto se sabría que rompió con su celibato. El chisme corrió como pólvora entre los feligreses de su pueblo, a quienes literalmente se les cayó en pedazos su ídolo, pese a que el señor Obispo trató de encubrirlo diciendo que la Arquidiócesis de Ciudad Valles lo mandó… pero a un “periodo de reflexión y discernimiento”, lo cierto es que trascendió que “invitaron” al sacerdote a colgar los hábitos; y bueno no dicen qué: “De los arrepentidos quiere dios”. ** Por descuido, negligencia médica, “error humano” llámele como quiera, el hecho es que un recién nacido permaneció por lo menos 4 horas en la morgue, luego de que fue declarado muerto, aun teniendo signos vitales. Daniela Hernández tenía 6 meses de embarazo, cuando hace una semana ingresó con amenaza de aborto al Hospital del IMSS -Zona 16-, en Torreón Coahuila. Pese a que inicialmente los médicos lograron estabilizarla y detener la labor de parto, tras permanecer hospitalizada varios días, Daniela dio a luz a un varoncito, el cual fue declarado muerto por los médicos que asistieron el alumbramiento. La joven madre aún no se reponía de la lamentable noticia cuando vio moverse a su bebé, no obstante, los galenos insistieron en que nació muerto, enviando el “cuerpo” a la morgue. Horas más tarde, cuando el padre del infante concluyó los trámites y hasta contrató servicio funerario, solicitó ver el cuerpo de su hijo, siendo en ese momento que los encargados de la morgue observaron que el bebé respiraba, por lo que de inmediato le dieron los primeros auxilios, mientras llamaban al médico de turno, quien lo llevó a un cunero y logró estabilizarlo, ya que presentaba hipotermia, debido a que estuvo desnudo en una gaveta de metal. Los padres pasaron de la alegría a la furia, por lo que denunciaron el hecho ante la autoridad exigiendo que se aplique todo el peso de la ley a los responsables de este imperdonable “descuido”, el cual pudo tener consecuencias imperdonables. ** Y ya para terminar, dos familias pasaron un viacrucis pues a la pena de perder a sus parientes, se sumó el hecho de descubrir que estuvieron llorando a una desconocida. Los hechos ocurrieron en el Hospital Regional Universitario en Colima, donde por error intercambiaron los cuerpos de dos mujeres que murieron de coronavirus, lo cual resulta imperdonable tratándose de señoras totalmente diferentes: Beatriz Alvarado, de 35 años y tez blanca, mientras que Martina “N”, tenía de 58 años y era morena. El problema se complicó más cuando a la familia de esta última le entregaron las cenizas de la quincuagenaria, cuando los deudos nunca autorizaron su cremación. ¡Ah eso sí! el director del hospital se comunicó con los deudos para decirles “Usted disculpe”. ** En fin, esto pasa SÓLO EN MÉXICO.

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