Por José Sobrevilla

Lo mejor que le puede pasar al sistema penitenciario nacional, en esta Cuarta Transformación, es una reforma y urgente. La primera tuvo su origen en la época de Porfirio Díaz; después, en los años setenta, vino la segunda con Alfonso Quiroz Cuarón y de esa fecha para acá no ha habido ninguna reforma, lo que ha ocasionado un verdadero desorden carcelario que podría salir de control. “Se trata de crear un verdadero sistema penitenciario nacional, porque no existe uno como tal. Tampoco una integralidad, porque, cuando me preguntan ¿Cuántos sistemas carcelarios hay?, siempre respondo que 400, o sea el mismo número de cárceles, porque cada cárcel se maneja a su libre albedrío”, comentó un especialista en el tema, quien también nos reveló que 97 por ciento de los directores de prisiones no tuvieron preparación, ni capacitación ni experiencia previa para manejar una cárcel, añadiendo que la mayoría de los penales del país se encuentran en autogobierno.

– ¿Qué tan difícil es manejar una cárcel?

– Es lo mismo que manejar una sociedad, pero en cuatro muros; porque adentro hay todo lo que existe afuera, en la sociedad: ricos, pobres, más pobres que ricos, cultos, ignorantes, malos, inocentes, culpables, todos revueltos; por ello “No puedes homologar algún tratamiento o mucho menos”. Es innegable la astucia del presidente, porque ahora presume como un logro de su gobierno el que, cuando se terminen de pagar las cárceles, éstas pasarán al gobierno; sin embargo, así ha estado siempre estipulado en el contrato; “que no sea mentiroso”.

Algo positivo del gobierno anterior ha sido la creación del ‘sistema federal de prisiones’, lo que significa que todos los presos por delitos federales, incluyendo los súper-narcos, quienes estaban en prisiones estatales, pasarían a las cárceles federales; sin embargo, hasta ahora, la mitad de los reos federales están en penales estatales porque no caben en las federales. Son muy pocas.

Se reconoce el logro, sin embargo, por desgracia, fue y es asesorado por la Asociación de Correccionales de América, ACA, una AC fundada por ex carceleros y expresos en 1857, quienes se abrogan el derecho (y cobran muy caro, en dólares), por venir y revisar 17 puntos y darte un certificado donde dice “Certificada por la ACA”.

Consultados para esta columna, especialistas penitenciarios han coincidido en que “Esto ameritaría hasta una nota diplomática”, porque además, el recurso para esta Asociación viene etiquetado en el Plan Mérida; esto es, ellos escogen en qué se van a gastar el dinero y de dónde.

El sistema de prisiones federales fue creado con Genaro García Luna al frente, y con Patricio Patiño como subsecretario, huelga decir que sin tener la menor idea de lo que era una cárcel, porque jamás trabajaron en una. Así, nombraron como comisionado a Enrique Gómez García, un General joven, de esos que escogieron con Macedo de la Concha, y a quienes les hicieron un ‘Doctorado fast track’ (en administración pública) en la Anáhuac; sin embargo, pese a ello, tampoco conocían nada del tema.

Desde entonces han usado y siguen usando el sistema gringo de trato y maltrato a los reos; pero si volteamos hacia la Unión Europea, ellos han calificado al “sistema penitenciario norteamericano”, como “el peor del mundo”. También, en una reunión de jueces en Costa Rica, se recalcó lo anterior. ¿Por qué? simplemente porque tienen un índice de reincidencia que ha fluctuado del 72 por ciento al 92 por ciento; incluso les reducen la sentencia a presos de alta peligrosidad, por buen comportamiento, en 10 o 20 años, razón por la cual, salen con la misma peligrosidad con que entraron.

A propósito de ello, en esta columna, la del 19 de abril, le conté del caso de Juan José Bernabé Ramírez, quien participó en la tortura y muerte de Enrique ‘Kike’ Camarena quien, de tener cadena perpetua, hace unos días fue liberado de una cárcel norteamericana[1] a Chihuahua, México, el 7 de abril pasado, para ser concretos.

El caso es que se construyeron las cárceles federales, pero, como no se podían concursar porque si hay 20 candidatos en la licitación, vas a repartir 20 planos, diseños, y esa es una información de seguridad nacional que no puede andar por todos lados.

– ¿Qué hicieron?

A los multimillonarios que tenían constructoras le dieron dos cárceles a cada uno. Hablamos de Carlos Slim, Chiapas y Morelos, Olegario Vázquez Raña, Durango y Michoacán, Hipólito Gerard Rivero, Grupo Higa, cuñado de Carlos Salinas, dos más; Don José de Jesús García, de Monterrey, que se salió a la mitad del camino y se las vendió a Carlos Slim. ICA también recibió dos penales.

Finalmente, López Obrador cerró los penales de Islas Marías, las viviendas donde vivían los presos en trece campamentos, así como todas las oficinas de Puerto Balleto: La escuela, el hospital, las oficinas de gobierno, teléfonos, telégrafos, todo, dizque para hacer excursiones de campamentos ecológicos y culturales.

“Lo más seguro –nos dijo uno de los especialistas consultados– es que han sido habilitados para mandar chamacos a entrenar como guerrilleros y a darles entrenamiento ideológico para defensa de la Cuarta Transformación, porque ahí no entra ningún periodista. Nadie puede llegar a Islas Marías sin permiso; además no ha habido, en tres años, un solo aviso, anuncio, invitación o inscripción para asistir a un campamento.

Desde que se firmaron los contratos mencionados por Rosa Icela Rodríguez la semana pasada[2] (ver nota), se hizo un Fideicomiso y la cabeza de sector fue Banobras. Ellos se coordinaron para financiar a los multimillonarios por si necesitaban lana para construir las cárceles federales, según se reveló a este periodista.

Sin embargo, el problema estuvo en que les dieron a escoger el terreno en el que se construirían los penales, cosa que el presidente ignora; también les dejaron la construcción, equipamiento y operación de todos los servicios generales que, realmente, no era una privatización sino una subrogación de servicios.

“Me das cocinas, panadería y tortillería, lavandería, almacenes, servicios generales, mantenimiento de la cárcel, jardinería, limpieza de oficinas y todos los otros servicios”; pero nunca la seguridad, como un día dijo el presidente que, según esto, estaba subrogada, la administración de la cárcel, y que tampoco estuvo ni está en manos de los dueños de las cárceles. “Los servicios técnicos penitenciarios, psicología, trabajo social, medicina, psiquiatría, odontología, pedagogía, reclutamiento laboral, bolsa de trabajo, y criminología, todas estas áreas dependen del gobierno y son empleados de gobierno quienes la realizan”.

La seguridad de los penales siempre ha sido del gobierno. El audio y video, que es el sistema especial de seguridad, lo operaba el gobierno manejado por la policía federal; el área de inteligencia. Ellos podían ver y oír todo lo que querían en todos lados de la isla, menos visita íntima, visita familiar, ni locutorios, “porque cuando hablabas tras las rejas con tu abogado, te podía ver la cámara, pero no escuchar, porque si un abogado los demandaba podía tronar toda la cárcel federal. Era como ir a confesarte con un sacerdote. Cuando hablas con tu abogado, el secreto de tu defensa es un derecho”.

A cambio de lo anterior, el gobierno ha venido pagando 100 millones de pesos al mes (durante veinte años), así tuvieras 800, 200 presos, o estuviera la cárcel llena. Si rebasabas el cupo se pagaba un monto extra mensual. Este pago, los cien millones, incluían la construcción, proyecto arquitectónico, equipamiento, etcétera. “De tal manera que, si tu invertías unos 8 o 9 mil millones de pesos, que es lo que yo calculo, durante 20 años ibas a sacar 22 mil millones.

Imagínate, señaló un entrevistado (que pidió omitir su nombre) “La cárcel de Guanajuato es el colmo, ya que fue entregada a BlackRock: La iglesia en manos de Lutero”.


[1] https://noreste.net/jose-sobrevilla-peligroso-asesino-liberado-por-eu-en-chihuahua/

[2] https://noreste.net/jose-sobrevilla-situacion-actual-de-los-reclusorios-federales/

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