• Practican autopsia en la calle
  • Los héroes no deberían morir

Sólo en México

Brenda Fonseca

Dicen que como los mexicanos no hay dos y para muestra don Onésimo Cepeda, sí, “el obispo rico del municipio pobre”, aquel que estuvo al frente de la Diócesis de Ecatepec, estado de México, durante 17 años, en los que se vio rodeado de lujo, poder y escándalos, sí el mismo que esta semana dio la nota al anunciar su candidatura como diputado local, por la vía plurinominal (Distrito 21), por la alianza Fuerza Por México (PRI-PAN). En efecto, este peculiar personaje que sacó canas verdes al Episcopado mexicano; en sus años mozos fue rockero, torero, parrandero, corredor de bolsa y sacerdote y mire ahora, quién lo diría, colgando el hábito para entrar al nada sacrosanto mundo de la “polaka” (política), quizá porque tiene mucho en común con la religión, como el trabajo en pro del prójimo, vivir en pobreza y guardar voto de castidad, como lo hace la mayoría de nuestros legisladores. Onésimo Cepeda, este polémico personaje amante de las corridas de toros, aseguró que se lanzará al ruedo (política) porque: “Estoy harto de tanto pendejo que gobierna”. Pero creo que es tiempo de “refrescarle la memoria” (en el buen sentido de la palabra) al electorado, ya que en un mes más se cumplirán 10 años (mayo 2012) de que el entonces Papa Benedicto XVI, decidió quitarle la Diócesis de Ecatepec, cansado de la vida loca que llevaba Cepeda, plagada de escándalos y denuncias como aquella que lo señaló como defraudador. Pero con todo respeto, ya sabemos que Don Onésimo es como la “Chimoltrufia”, así como dice una cosa dice otra, pues de última hora, salió con que “Dice mi mamá -O mejor dicho el Papa Francisco- que siempre no”, pues el máximo jerarca de la Iglesia Católica le dio su jalón de orejas y le recordó que no podía incursionar en la política, así que a Cepeda no le quedó más que echarse pa’ atrás y decir que jamás cambiaría el púlpito por una curul o dicho en su propias palabras: “Jamás dejaría el ministerio religioso por una pendejada de tres años”. Ya lo dice el refrán “De los arrepentidos quiere Dios”. **** Fue por flojera, negligencia, urgencia, vaya usted a saber por qué, pero a un médico legista se le hizo fácil y que practica una autopsia en plena calle. Fue en Santiago Jamiltepec, Oaxaca, ahí justo frente al panteón municipal, donde el galeno Lázaro “N” sacó su instrumental y abrió al difunto como si fuera pollo, sin importar la nula higiene del lugar, es más, se tuvo que apoyar sólo de la luz de un teléfono celular, pues ya empezaba a oscurecer. Y como ya sabe que nunca faltan los chismosos, varios vecinos dieron el pitazo a las autoridades, quienes interrogaron al galeno, el cual en todo momento negó los hechos, sin embargo, las manchas de sangre en el asfalto lo delataron, por lo que el ahora conocido como el “Médico carnicero” fue detenido. **** Y ya que hablamos de cochinadas, un tráiler cargado con cerdos se volcó, por lo que en cuestión de minutos, muchos pobladores llegaron al lugar del percance, en lo que se antojaba un acto de solidaridad, pero lo cierto es que a lo único que llegaron fue a llevarse los chanchitos, unos en sus camionetas, otros hasta en carretilla, los que no llegaban ni a patín del diablo se organizaron entre toda la familia y se llevaron a cuestas a los cochinitos vivos o muertos. Fue en la autopista La Tinaja-Cosoleacaque en Acayucan, Veracruz, donde el conductor de la unidad de carga, Juan Flores, de 44 años, quedó lesionado en la cabina, tras perder el control debido al exceso de velocidad con el que manejaba. Vamos ni los elementos de la Guardia Nacional  (División seguridad en carreteras), pudieron hacer algo para evitar el saqueo. **** Quiero cerrar este espacio, lamentando el fallecimiento de Fernando Manzano Cervantes, mejor conocido como “Papá Tortuga”; pero qué se puede decir de alguien que dedicó 50 años de su existencia al cuidado y preservación de este quelonio, en las playas de mi bello Veracruz y a quien la vida y el periodismo me regaló la fortuna de conocer; sí aquel hombre de piel tostada y singular mostacho, que todos los días, sin descanso, recorría de extremo a extremo las playas de Tecolutla, que protegió, a costa de su vida, los nidos contra los saqueadores de huevos de tortuga, a ese apasionado de la vida en todas sus formas, a ese luchador incansable, mi más alto reconocimiento a su labor, por hacer de este un mundo mejor. Sus pasos ya no recorrerán más la playa, pero su huella será imborrable en cada niño al que le puso una tortuguita en la mano para que la liberara, enseñándoles con ello, a respetar el milagro de la vida. ¿Qué murió Fernando Manzano? No lo creo, porque su legado seguirá presente, cuando aquellos infantes regresen siendo padres y les hablen a sus hijos de un superhéroe llamado “Papá Tortuga”. **** En fin, esto pasa SÓLO EN MÉXICO.

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