Sólo en México

Brenda Fonseca

¿Que hable de albur? ¡Sí que me ponen dura la cosa! Y aunque quisiera echarme este artículo de una sentada, será mejor ser meticulosa, porque sé que muchos quisieran que les agrande el currículum, pero me conformo con ampliarles el silabario, así que mejor se los resumo. Alguna vez se han preguntado ¿Qué sería de México y los mexicanos sin el albur?

No se trata tampoco de sólo citar autores como Demeterio y Zacarías ¡No señores!  Entremos mejor en materia, empecemos por la introducción del cabezal.

Consta en los anales de la historia, que ya nuestros antepasados Mexicas hacían gala del albur: “Ese juego de palabras de doble sentido, competencia cargada de términos sexuales, donde uno de los dos o más participantes impone sus condiciones venciendo con zancadillas verbales -su habla- a sus oponentes en este ajedrez mental”.

Dicho lenguaje codificado trata ante todo de evitar que cualquiera “Lo entienda, lo de cifre y lo responda”, por lo cual fue utilizado entre mestizos y criollos en la Colonia, a fin de que el patrón no supiera qué jijos decían. 

El alburero ‘abre’, penetra con su lengua, no sean mal pensados, lo que quise decir es que vulnera metafóricamente con su ‘falo’ (con lo que dice y cómo lo dice) la intimidad de su contrario, a través de sus alusiones sexuales, de ahí que en la disputa uno ‘se empinará’ o vencerá al otro.

Pero el albur es mucho más, es un asunto terapéutico al que el doctor ‘Abréculus’ recurre para curar un cacho de enfermedades, a través de la risoterapia, o que sirve para vacilarse al güerito fuereño, como cuando los mariachis en Garibaldi les ofrecen “tocarles la negra” y es que en este ajo, el mexicano se la aplica “al que se deje o se apendeje”.

Quien no sabe alburear es como quien no sabe inglés, es un analfabeto en potencia, así que si usted no quiere que le vean la cara de ‘what’, pos aprenda este arte y ya sé que muchos dirán: ¿Qué mamá da esos consejos a sus hijos? y pues yo conozco a varias como Concha, Queta, Mela y Rita.

Pero si usted quiere profundizar en el meollo del asunto, recuerde que en este Viña del Señor, no queda de otra que asumirlo, antes que otro lo asuma.

Hoy día el albur es algo inherente al mexicano, es su segunda lengua,   pues se practica lo mismo en San Tejeringo El Chico que en Palo Alto, Jalisco.

Ya sé que muchos de mis lectores se preguntarán ¿No que eres columnista? Lo cierto es que, quienes me conocen saben que tengo grandes dotes de articulista, pero esto se lo debo a Lourdes Ruíz, la extinta Campeona Nacional de Albur, una de las siete cabronas de Tepito, quien me enseñó más mucho más que el arte del albur, aunque ella con modestia me decía: “Eso ya lo tienes dentro”.

Y es que esa mujer de infinita inteligencia, sinónimo de picardía, de carcajada que desnuda el pensamiento, la de los mandiles multicolor, la que nos enseñó el Tepito de la gente buena, culta, trabajadora y orgullosa de su barrio, si del Tepito te acoge, fue quien un día me dijo: “Si la vida te da la espalda, agárrale las nalgas para que no se ande volteando”. Sea pues este artículo en su memoria.

Es hora entonces, de cambiar el prejuicio por el chivito al precipicio. Así que pórtense mal y cuídense bien, porque al fin de cuentas la vida es un albur…

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