Por José Sobrevilla

Tal vez usted no se ha dado cuenta, pero, por el encierro, la “pandemia”, o porque los nuevos tiempos laborales así lo exigen, poco a poco nos hemos convertido en dependientes de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, TICs, y asiduos usuarios de redes sociales. Hace algunos meses, cuando se descompuso el smartphone de quien esto escribe, dos personas al menos marcaron al número privado preguntando ‘¿estás bien?’ porque “¡tú siempre contestas los mensajes al momento!”. Viene a cuento porque el documental de Netflix “El dilema de las redes sociales”, producción del neoyorquino Jeff Orlowski, plantea las interrogantes sobre cuánto pueden afectar las redes sociales a niños, jóvenes y adultos.

Lo que más llama la atención de esta película es que prácticamente todo es explicado por ex empleados de Google, Facebook, Twitter, Instagram y Pinterest. Por ejemplo, en el documental, el ex diseñador de Google Tristan Harris, joven ingeniero especializado en ‘tecnología persuasiva’ (área diseñada para cambiar la actitud o comportamiento de los usuarios a través de la persuasión, la influencia social y las herramientas tecnológicas), expone que nada es casualidad y que todo es resultado de cómo ha sido diseñado el sistema.

En internet, a Harris lo conocen como “El filósofo de Google” y, mediante el ‘Centro para una Tecnología Humana’, fundado por él, ha encabezado una gran cruzada para advertir que nuestras mentes y nuestro tiempo, están siendo secuestrados por las redes sociales y la tecnología; por ello propone un rediseño para que nuestra atención no sea la moneda de pago habitual en internet.

Interesante ¿No? Es por eso que en 2019 la revista “Rolling Stone” lo incluyó en su lista de las “25 personas que dan forma al futuro” junto al ‘tecnólogo’ Elon Musk (PayPal, Tesla, SpaceX y Solar City), los arquitectos David Benjamin y Kate Orff, entre otros.

Dígame si no: cuando publicamos algo en Facebook ¿No estamos pendiente de quién le puso “dedo arriba” o “dedo abajo”, el famoso “me gusta”; o de cuántos y quienes vieron nuestra publicación y le dieron “like” o “reenviar”? o bien, cuando emitimos un comentario en Twitter estamos pendientes de cuántos y quiénes lo respondieron, retuitearon, o le pusieron el corazoncito. Esas recompensas son las que buscan en las redes las empresas y que poco a poco se han ido transformando en ‘necesidad ansiosa’ para el usuario. Es más, muchos hasta pagan porque su post sea visto por más gente.

Al saber esto, las compañías han buscado (y encontrado) la forma de aprovechar la dopamina, un neurotransmisor que participa en la motivación y recompensa ante estímulos placenteros, mismos que se obtienen cuando nos llega la ansiada notificación de que hemos llamado la atención de alguien[1].

Pero, volviendo a “El dilema de las redes sociales”, Ricardo Senra, periodista brasileño, publicó ‘Los cinco secretos de los dueños de las redes’ (BBC News Brasil/03/10/2020), en los que recalcaba la existencia de dos industrias que llaman a sus clientes “usuarios”: la de las drogas ilegales y la del software.

Experiencias digitales aparentemente triviales, como las ‘recomendaciones automáticas’, ‘notificaciones’ y ‘publicaciones sugeridas’, que son una especie de “cebo” que las aplicaciones más populares del planeta lanzan miles de millones de veces al día, buscan acaparar el tiempo de las personas, que es el tesoro que empresas, políticos, organizaciones o países buscan para vender con mayor efectividad sus productos o ideas a las audiencias vulnerables e hiper-segmentadas.

¿Cuáles son estos cinco secretos?

El primero, que “Si no pagas por el producto, el producto eres tú”; por ello Mark Zuckerberg, dueño de las tres de las redes más usadas en el mundo: Facebook, WhatsApp e Instagram, tan solo en los días de “pandemia” ganó más de 30.000 millones de dólares vendiendo información a clientes: marcas de cosméticos, universidades, políticos, partidos, candidatos, gobiernos, etcétera.

La segunda se refiere a las herramientas diseñadas para engancharnos y manipularnos: el “desplazamiento automático” diseñado para que nuestra experiencia en la red no tenga fin y el usuario permanezca conectado; y las “notificaciones”, que permiten atraer a los que están afuera y mantener a los que ya estamos conectados. Ni se diga del clásico “me gusta” y los comentarios con “elogios” o “críticas” que estimulan, manipulan y nos hacen dependientes como usuarios.

El tercero se refiere a las “falsas recompensas”, o sea los mencionados “me gusta”, mediante los cuales, profesionales detrás de redes sociales trabajan –según la película– construyendo puentes entre la psicología y la tecnología. El cuarto se refiere a ‘seguridad X inseguridad’ que, según el filme, infiere que las redes están directa e íntimamente ligadas al aumento de casos de depresión y ansiedad, especialmente entre niños y adolescentes. ¿Cuántas veces no hemos visto que suicidios y magnicidios en las escuelas han sido anunciados antes en redes sociales? 

Cierto día encontramos que mi nieta de trece años se realizaba marcas con alfileres en los brazos, respondiendo a “retos” en redes sociales en los que, quienes los cumplían se hacían una marca y llamaban “el reto de la ballena azul”, donde establecían 50 tareas para realizar en 50 días y que –información de redes– señalan que estuvo vinculado, presuntamente, con numerosas muertes en todo el mundo. Cada vez los retos iban siendo más siniestros: “Párate en el borde de un precipicio”. “Tállate una ballena azul en el brazo” y al final venía el suicidio.

Pero, el quinto secreto y tal vez uno de los más importantes, es que las noticias falsas son propagadas intencionalmente por las redes sociales (seis veces más rápido que las verdaderas) porque éstas tienen un alcance ampliado gracias a la “paranoia” de mantener a los usuarios expuestos a los anuncios.

“Creamos un sistema que privilegia la información falsa (…) porque la información falsa rinde más dinero a las empresas que la verdad”, señalaba abiertamente uno de los entrevistados en el documental del que hablamos; donde se asegura también que “la verdad es más aburrida”.

¿Qué recomiendan en la película para protegernos?

Deshabilitar las “notificaciones” para acceder a la red social sólo cuando uno lo quiera, no cuando ellos lo sugieran. No embarcarse en las “recomendaciones” de videos y contenidos sin reflexionar. Es mejor hacer nuestras propias búsquedas según nuestro interés. Dar “seguimiento” a personas o páginas con las que no estamos de acuerdo, para así profundizar en el conocimiento y aprender de las diferencias, incluso si nos disgustan.

Antes de acostarnos, desconectar o apagar una hora antes el teléfono, la tableta y la computadora y, de preferencia, colocarlos en otra habitación y en modo “avión”. Con ello podemos evitar la tentación de levantarnos y darle seguimiento a algo, porque –aconsejan– la forma en que nos relacionamos con una publicación ‘vale oro’ y, ante ello, debemos valorar los ‘clics’ que damos y el tiempo que pasamos frente a los aparatos digitales antes de pulsar algún anuncio o publicación.


[1] https://www.eluniverso.com/entretenimiento/2020/09/30/nota/7997101/dilema-redes-sociales-documental-netflix-alerta-adiccion

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