CUARTO DE PLANA

HÉCTOR RAMOS A.

En una tarde de comida y plática de sobremesa familiar, llegamos a la sugestiva conclusión de que el virus letal COVID-19, que está contagiando a la humanidad y causando graves síntomas, en algunas personas hasta la muerte, pudiera ser parte de una planeación perversa para acabar con una densa población que estorba a los más poderosos del mundo porque no les genera ganancia alguna pero sí consumen lo que otros necesitan: agua, alimentos y recursos minerales.

El origen de esta conclusión tiene lógica si revisamos que son los pobres del mundo los que más están enfermando y están muriendo junto con los que presentan alguna enfermedad crónico degenerativa incluida por supuesto la obesidad.

Para esta clase marginada no hay mayor oportunidad curativa más que estar “sanos” y en la medida de lo posible cuidarse para no contagiarse, de lo contrario, no habrá dinero para atención médica, porque no tienen seguridad social; será difícil comprar medicinas, un tanque de oxígeno en caso de requerirlo y no se diga ser hospitalizados.

Parecería esto una película de horror, pero cada vez se parece más a la realidad: el Covid-19 estaría diseñado para acabar con “esa plaga” que no genera recursos ni tiene oportunidad de generarlos.

Veamos, desde el año de 1968 nació en Roma, una organización a la que se le conoció como Club Roma, en la que participan grupos de personas, todavía hay información de que existe,  entre las que destacan científicos y políticos para influir en los principales países sobre las perspectivas de la crisis en progreso que está afectando el medio ambiente vinculado con los aspectos políticos, energéticos, alimentarios y demográficos, entre otros.

Esta ONG, proyecta escenarios posibles durante las próximas décadas en aspectos como crisis de instituciones, enajenación de la juventud, violencia, brecha creciente entre países pobres e industrializados y crecimiento urbano incontrolado, entre otros.

El Club de Roma podría considerarse como una de las instituciones paradigmáticas del neomalthusianismo (teoría demográfica, social y poblacional que considera el exceso de población de las clases pobres u obreras como un problema para su calidad de vida), ya que “desde la segunda guerra mundial, se consideraba un problema grave el crecimiento de la población mundial de los países comunistas –URSS y China-, y por tanto se establecía la necesidad de frenarla”.

En el informe de 1972, titulado los Límites del crecimiento, el Club Roma promueve la eliminación drástica de la población, pero en esta ocasión pronostica muertes en masa como algo inevitable y pronto.

Cuarenta años después dio a conocer su informe 2052 donde advierte operaciones globalistas haciendo todo lo posible para reducir las condiciones para que siga existiendo la humanidad, a nombre de los intereses oligárquicos que prevén la extinción de la especie humana.

El informe prevé que “la población global llegará en el 2042 a una cúspide” de 8 mil millones de personas, y entonces habrá migraciones en masa y caos, con una población de 3 millones de pobres. Los que tengan medios, tendrán agua suficiente, alimentos y combustibles fósiles. Los que no cuenten con medios, no tendrán nada de esto.

Señala medidas prioritarias a tomar como, por ejemplo, tener pocos hijos, especialmente entre los ricos del mundo, construir sistemas de energía bajos en carbono en los países pobres, pagados por los países ricos, o sea, construir sistemas de energía solar y eólica; y fortalecer la capacidad global para actuar con rapidez. Acabar ya de una vez con el cortoplacismo de las naciones.

Lo que pasó en Wuhan a finales de 2019 en un mercado de mariscos pudo no haber sido casualidad, sino algo planeado por los que se dicen magnates de este mundo, en un intento por frenar el crecimiento demográfico, con el argumento de que pronto entraremos en un panorama desolador por el secamiento de los mares y ríos, que provocarán hasta 2 grados arriba en la temperatura habitual mundial.

Así pues, el virus ha producido ya 2.1 millones de muertes en el mundo, que es una cifra preocupante y lamentable, pero también ha enriquecido a la industria farmacéutica, a los fabricantes de los medicamentos, a los que además se les garantiza que gran parte de los acuerdos para la venta de las vacunas contra el Covid-19, no se divulguen, los contratos multimillonarios les brindan cláusulas de protección de responsabilidad, la propiedad de las patentes y margen de maniobra en las fechas de entrega y los precios. Tienen todo para operar.

Pero esto es parte de otra historia.

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