Por José Sobrevilla

Lo aceptemos o no, el Covid-19 estará muchos años con nosotros y la vacuna, como ha sido demostrado, nos presenta más dudas que certezas. Por ejemplo, ni los fabricantes o especialistas saben cuánto tiempo dura la protección; tampoco por qué, pese a ella, se han dado las reinfecciones. Además, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades ha señalado que la Pfizer-BionNTech no debe inyectarse si se padece alergias (Anafilaxis); y que después de cuatro horas de aplicada puede provocar reacción alérgica inmediata con síntomas como urticaria, hinchazón o sibilancia (insuficiencia respiratoria), incluyendo reacciones alérgicas al polietilenglicol (PEG) y al polisorbato.

Según ha difundido la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen por lo menos 10 vacunas en estudios clínicos de Fase III, que es la que se está aplicando, y 151 candidatas en fase de evaluación preclínica.

A ciencia cierta, no se sabe si las vacunas pueden prevenir completamente que alguien se infecte; es decir, que lleve el virus y, aunque no tenga síntomas, pueda seguir transmitiendo la infección a otras personas que no tengan síntomas, por lo que no se tiene certeza de la protección, ha opinado la Dra. Flor Muñoz, especialista en vacunas en el Texas Children’s Hospital y profesora del Baylor College of Medicine, según registro de CNN[1].

El confinamiento, miedo al contagio, pérdida de seres queridos, del trabajo o reducción de sueldos, el no poder llevar una vida como antes, las constantes noticias enfocadas en las desgracias causadas por la pandemia, la soledad por la falta de contacto con amigos y familiares o la misma sensación de desesperanza, han llevado a un agotamiento y fatiga mental que ha afectado a mucha gente en el mundo, y la OMS, obviamente, ha llamado “Fatiga mental”; misma que ha venido incrementándose diariamente afectando a millones de personas.

¿Los síntomas? estrés, irritamiento, apatía, desmotivación, y otras que aún no han sido totalmente detectadas, pero de las que el organismo internacional ha ofrecido un acercamiento en el documento “ fatigue”[2].

Al respecto han circulado en internet informaciones que señalan que –la fatiga pandémica– se caracteriza por “sentirse mentalmente agotado, indefenso, triste, preocupado, frustrado e irritable, cambios que pueden causar trastornos del sueño, del apetito y la concentración mental, además de nerviosismo, irritabilidad, falta de motivación para hacer cosas que a uno le gustan, y querer apartarse de los demás”.

[1] https://cnnespanol.cnn.com/2020/12/10/cuanto-tiempo-dura-la-inmunidad-de-las-vacunas-contra-el-coronavirus/

[1] https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/335820/WHO-EURO-2020-1160-40906-55390-eng.pdf

¿Qué recomienda la OMS?

1.- Pensar local; comunicarse con grupos de la sociedad civil y pedirles que busquen y encuentren formas creativas de motivar a sus miembros y compañeros.

2.- Preparar soluciones seguras y claras para próximas celebraciones nacionales donde la gente se reúne; contactando con individuos, lugares de trabajo, público, sistemas de transporte, comerciantes minoristas, residencias de ancianos y más, para realizar discusiones sobre las formas de reducir el riesgo.

3.- Apelar a las personas en lugar de culparlos, asustarlos o amenazarlos, porque hay que reconocer que todos están contribuyendo.

4.- En cada lugar de trabajo, escuela, universidad, club juvenil y más, hable con los usuarios; pregúntales cómo les gustaría implementar comportamientos recomendados, y qué apoyo necesitan de ti.

5.- Sea claro, preciso y predecible (en las explicaciones). Utilice infografías simples y digeribles como una forma eficaz de comunicar restricciones, riesgos, y cómo se relacionan.

6.- Entender qué medidas pueden ser insoportables a largo plazo. Modificar o equilibrar tales restricciones con otras medidas (económicas, sociales, psicológicas), teniendo en cuenta contabilizar el riesgo epidemiológico.

7.- Desarrollar una guía para vivir la vida mientras se reduce el riesgo. Encontrar formas creativas de comunicar dicha orientación, y evitar los cambios constantes.

8.- Llevar a cabo evaluaciones cualitativas y estudios cuantitativos de población, tomando los hallazgos en serio y usarlos para informar la acción.

9.- Realizar comportamientos recomendados fáciles y económicos; lo que puede implicar la provisión de servicios rápidos y conexiones de internet baratas; proporcionar gratis mascarillas y desinfectantes de manos accesibles en áreas de lavado de manos, espacios para interacción social, y generar oportunidades para teletrabajo y más.

10.- Adapte la comunicación a los grupos que experimentan desmotivación. Pruebe mensajes e imágenes con muestras de poblaciones antes del lanzamiento a ellos.

Hasta aquí las recomendaciones de la OMS; sin embargo, a través de medios, los expertos han recomendado normalizar lo que sentimos, esto es, aceptar que es normal sentirnos tristes o estresados; “la sensación de culpabilidad por no estar al 100%, no ayuda en absoluto”, por lo que necesitamos no pelearnos con lo que nos ocurre y poner manos a la obra para reducir ese estado de culpa.

Priorizar el bienestar interior; focalizarnos en lo que depende de nosotros en el aquí y ahora. La pandemia nos ha obligado a vivir un presente en estado puro. No conocemos el mañana, así que pensemos cada día en aquello que podemos hacer para sentirnos bien dentro de las posibilidades y los recursos que están a nuestro alcance[3].

El autocuidado físico es más importante que nunca, por lo que debemos cuidar más nuestro sistema inmunitario estableciendo rutinas de ejercicios, disfrutar de una buena alimentación y, si es posible, pasear diariamente para tomar algo de sol, principal fuente de vitamina D.

Ponernos a dieta de noticias que dañan; desconectarnos de ciertas redes o programas de televisión que nos agotan o enfadan; evitar ciertas conversaciones en torno a la covid-19 o al miedo. Todo lo anterior no significa negar su existencia ni olvidarnos de su peligro, sino de no alimentar mensajes que acentúen el desgaste.

No se usted, pero en lo personal nada de esto me reconforta ni quita el estrés por todo lo que sucede en torno a la pandemia. Como que algo sigue faltando.


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