CUARTO DE PLANA

HÉCTOR RAMOS A.

Cuando andaba en la reporteada, allá por finales de los años 80, la salida de las filas del PRI de la llamada “Corriente Democrática” formada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, fue una de las notas que paró rotativas, no podía creerse que un partido homogéneo que controlaba todo desde sus inicios por allá del 29, llegara a fracturarse, y menos provocado por el hijo del tata Lázaro Cárdenas, uno de los mejores presidentes que había dado México.

Cárdenas hijo, había decidido salirse del priismo de 1987, al no haber conseguido ser electo por el Comité Ejecutivo Nacional como candidato a la Presidencia de la República para los comicios de 1988.

Luego entonces, se formó el Frente Democrático Nacional, al que rápidamente se afiliaron muchos dirigentes y representantes de la izquierda mexicana, lo que marcó el primer momento de una nueva vida política en México.

Este movimiento se fue consolidando con la suma de otras grandes figuras políticas y luchadores sociales que acompañaron al ingeniero Cárdenas en su lucha por la Presidencia de la República en el mismo 88, pero que no llegó por el escandaloso fraude del que ya hemos comentado en este espacio.

Esta coalición de partidos de centro izquierda cobró mucha fuerza formando así el Partido de la Revolución Democrática, que fue un verdadero frente opositor con líderes de gran importancia para ese momento que se vivía en el país, como el mismo Andrés Manuel López Obrador, Heberto Castillo, Pablo Gómez, Gilberto Rincón Gallardo y Amalia García, por citar algunos.

Fue un movimiento que presionó fuertemente a Carlos Salinas de Gortari durante toda su administración con el sello de presidente ilegítimo.

Esto produjo momentos de mucha tensión, de incansables marchas y protestas como parte de la inconformidad y de posicionamiento de la izquierda en México, que le costó la vida y desaparición de muchos militantes; las cifras de 1988 a 2007 contabilizaban a 696 perredistas asesinados, y otros 900 más entre perseguidos, desaparecidos y presos.

El posicionamiento de la izquierda costo mucho, antes de que llegara a la Presidencia Andrés Manuel López Obrador y el surgimiento del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), fundado por éste en 2010.

Su triunfo en 2018 fue tan rotundo que le dio la mayoría en lad Cámarad de Senadores y de Diputados, lo que ha ayudado a hacer grandes cambios a las leyes para fincar la cuarta transformación en México.

Morena, desde su creación, “busca la transformación democrática del país en lo político, económico, social y cultural”, imprimiendo principios éticos y “defendiendo los derechos humanos, la libertad, la justicia y la dignidad de todos”, se lee en sus principios básicos.

Hoy este partido con Mario Delgado como presidente, enfrenta una serie de críticas desde adentro de sus filas, por la selección de candidatas y candidatos a competir por las 15 gubernaturas que están en juego para el 2021.

Dos de las inconformidades se dan en Tlaxcala y Nuevo León, donde la “militancia por medio de encuestas”, ha escogido a Lorena Cuéllar y a Clara Luz Flores, respectivamente, ambas con antecedentes de militancia priista.

Nadie parece saber qué está pasando en Morena al elegir a ex priistas, y es cuando se pregunta, ¿qué no hay confianza en las bases y fundadores de este partido? ¿Qué no es más importante tener gente con honestidad probada sin esos antecedentes?

Esta “decisión de la militancia” ha molestado a las bases morenistas que advierten fracturas y fisuras al interior, que puede ser aprovechado por el PAN y el PRI para jalar agua a su molino, cuando las encuestas en estos dos estados no les favorecen.

Con esa mecánica de selección, tampoco se descarta el que se rompan alianzas con el Partido del Trabajo, que tiene candidatos propios en Baja California, como Antonio Blásquez Salinas, y en Campeche, con Renato Sales Heredia, mientras que por Morena va Marina del Pilar y Layda Sansores, respectivamente.

La explicación parece simple y nos remite a los documentos básicos de Morena,  donde se lee: “Nuestro Movimiento es un espacio abierto, plural e incluyente, en el que participan mexicanos de todas las clases sociales y de diversas corrientes de pensamiento, religiones y culturas”.

Decía Heberto Castillo, cuando en 1988 declinó como candidato a la Presidencia de la República por el Partido Mexicano Socialista en favor de Cuauhtémoc Cárdenas, que lo importante no es de donde se viene, sino rectificar.

Lo que es un hecho es que Morena se ha llevado muchos reveses, ponen candidatos a cargos de elección popular que sólo lo usan como trampolín para llegar y ya en el encargo rompen con el proyecto por el que se lucha.

El último ejemplo es la senadora Lilly Téllez, que ahora enfilada en el Partido Acción Nacional, ataca al gobierno de López Obrador, sus acciones y todo lo que le rodea, incluido Morena, el partido que la postuló.

Con esos amigos para que quiero enemigos, dirían quienes ya lo advierten. Sólo concluiríamos diciendo, ¡aguas!.

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