CUARTO DE PLANA

HÉCTOR RAMOS AGUILAR

Desde que me inicié en el periodismo una vez que salí de la UNAM, siempre hubo línea en la televisión y radio donde me formé profesionalmente: no tocar la figura presidencial, ni al PRI.

Pero había otra instrucción más drástica: “nada de la oposición”, que en ese entonces era el PRD, conformado por organizaciones políticas que en 1988 apoyaron a Cuauhtémoc Cárdenas para presidente de México, pero que el sistema no le reconoció el triunfo electoral.

Yo empezaba a hacer mis pininos en Canal 13 Imevisión como redactor y luego pasé a la reporteada que es lo que más me fascinaba, cubriendo el aeropuerto, turismo, policía y poco después quedando como titular de la fuente de partidos de oposición; sí, así se llamaba: partidos de oposición y en la que entraban en esa categoría el PRD, el PAN, el PPS, el PARM y otros más.

Con esta cobertura se hacía un aparente equilibro en la información que surgía del PRI y de Carlos Salinas, pero está “línea” directa de Gobernación, no era exclusiva para la televisión y la radio, también aplicaba para medios impresos, aunque ahí había todavía un poco más de apertura editorial.

Sobre todo porque la llegada de Carlos Salinas a la Presidencia de la República, no convencía y para legitimarse, se tenía que acaparar las principales notas en la radio, la televisión y medios impresos, porque la oposición encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, tenía mucha simpatía como nunca en el país y eso lo sabía el régimen.

Fue en esta época cuando se da el cambio de una prensa medianamente libre a una controlada plenamente por el poder gubernamental y convertirse en aplaudidora de los gobiernos subsecuentes, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto.
Cubrir a la oposición  era muy complicado porque de antemano se sabía que no te iban a publicar mucho o nada, según el caso. La idea era dar la imagen que no existía.


Esta forma obligada de trabajar se convirtió en una cultura de autocensura para los reporteros, que de antemano debían conocer la línea de su medio para poder redactar sin mayores conflictos.

Esto explica muchas cosas, por ejemplo, el por qué se pudo controlar la información de Cárdenas, primero, y López Obrador, después, que llenaban el Zócalo y no se sabía, porque se hacían tomas cerradas para el telespectador.

La televisión fue clave en las campañas políticas del PRI desde entonces, medio por el cual el 80 por ciento de la población se enteraba de la información nacional e internacional.

Esta práctica se fue perfeccionando conforme vinieron otros procesos electorales con otros líderes de oposición hasta que se llegó a ser uso del marketing político con Fox, cuya figura se vendió como si fuera un producto y no como un candidato, cuyo impulso se consolidó en lo que se llamó el voto útil.

Fue tanto el éxito de la campaña que hasta representantes de oposición, como Porfirio Muñoz Ledo, que hoy anuncia una corriente dentro de Morena, se fue con la finta y dio su apoyo a Fox.

Ante el desencanto que fue la administración del panista, Andrés Manuel López Obrador, que ya venía posicionándose como presidente del PRD del 96 al 99, tomó cada vez más fuerza entre los dirigentes que vieron en él la esperanza para derrotar al PAN en 2006.

Para entonces la maquinaria del Estado se echó a andar y vinieron las campañas de odio contra quien se convirtió en el enemigo del régimen de la simulación. Se le había desaforado como Jefe de Gobierno y se le creo la imagen de ser un peligro para México. La televisión hizo una leyenda negra de su persona y distorsionada de la realidad. 

A pesar de esa campaña de lodo, López Obrador siguió llenando plazas por todo el país, pero al final, le robaron la Presidencia y se la dieron a Calderón, que la aceptó con una frase para la eternidad: Gané “haiga sido como haiga sido”.

Desde entonces, AMLO no necesitó más a los medios, y en 2012, en su segundo intento por la Presidencia de la República, anunció el uso de las redes sociales como alternativa para mantener informada a la población de sus actividades públicas.

Y es que AMLO nunca requirió de los medios para hacer su vida política, después comentaremos porqué, y en su última campaña presidencial de 2018 no llevaba fuente, ellos lo acompañaban, lo seguían, incluso César Yáñez, su eterno jefe de prensa, iba con él, le grababa, tomaba fotos y las mandaba a la Ciudad de México para su distribución. No había pago por campaña a los reporteros ni a los dueños de medios.

La aceptación y popularidad que logró conectar en la población lo llevó a la presidencia.

Luego se supo que se usaron más de 2 mil millones de dólares del gobierno de Peña Nieto para “crear la marca presidencial, capaz de suprimir artículos de investigación, dirigir portadas” e intimidar a medios que lo desafiaban, según documentó en diciembre de 2017 el New York Times.

Por su parte, el Centro de Análisis e Investigación, Fundar, señaló que el gobierno priista gastó tan sólo en 2016, más del doble de presupuesto asignado para publicidad.   

López Obrador como presidente terminó con esa complicidad clientelar que existió entre gobierno y medios, eso responde al ataque mediático en contra de él, ahora financiado por organizaciones empresariales y partidistas, agrupadas en “Si Por México”, que encabezan Claudio X González, Francisco Hoyos y Beatriz Pagés entre otros más, y a la que se han afiliado las dirigencias del PRI, el PAN y el PRD, según dio a conocer la revista Proceso.

Por eso, cuando alguien plantea que no se transmitan las mañaneras, es una contradicción al periodismo, cuya función es informar, pero, además, esa posibilidad no le quita el sueño a Andrés Manuel, quien se ha mantenido fiel a las “benditas redes sociales” para comunicarse con su gente, sin necesidad de los medios, y ¡eso duele!

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