CUARTO DE PLANA

Héctor Ramos A.

Todo este tiempo de encierro por la pandemia del COVID 19, ha servido para ver el comportamiento de la población ante una amenaza latente de contraer este virus, pero parece que, pese a las recomendaciones sanitarias, no se acaba por entender la facilidad con que se propaga la enfermedad.

La gente sigue abarrotando mercados, calles céntricas, transporte público; seguro muchos tendrán la necesidad de hacerlo porque tienen que salir a ganarse el sustento de cada día, pero habrá otros muchos más, que se han hartado de estar encerrados y prefieren exponerse.

Los primeros están justificados, los segundos no, muchos de estos jóvenes, que han optado por salir a reuniones, a bares y a fiestas rompiendo con los cuidados mínimos de prevención que el contagio requiere.

La enfermedad no se ha ido, tampoco la facilidad del contagio, todos estamos expuestos. El riesgo de contraer el virus está latente y las recomendaciones de prevención han sido las mismas desde febrero pasado, cuando se dijo que puede contraerse si una persona inhala las gotículas o gotas de saliva procedentes de otra persona infectada.

También se dijo que se debía guardar una distancia de metro y medio de las personas, porque estos residuos de saliva al expandirse por alguien infectado, si se toce o estornuda en un lugar sobre todo cerrado, pueden caer sobre los diversos objetos, mesas, barandales; de modo que otros pueden infectarse si tocan esos mismos objetos o superficies y luego se llevan las manos a los ojos, la nariz o la boca y que por ello es importante lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o con un desinfectante a base de alcohol.

Todas estas recomendaciones se han llevado medianamente a la práctica, a pesar de que se advirtió que de no tomarse estas medidas vendría un rebrote. Así ha sucedido no sólo en México, también en Europa donde se llegó a decir que había logrado con éxito controlar la pandemia.

Países como Alemania, Francia, España, están viviendo horas de retroceso en el control de la pandemia.

La mayor preocupación se tiene en España y en Francia, donde las cifras son similares o superiores que cuando apareció el COVID-19, pero también están surgiendo más casos en los  Países Bajos que en el primer brote.

La Organización Mundial de la Salud ha reconocido estar “muy preocupada” por esta evolución y teme que esta segunda ola sea peor que la primera, aunque se sabe que el contagio es mayor pero no necesariamente en el número de fallecidos.

Pero sólo aquí, en nuestro país, se buscan culpables y se responsabiliza a Hugo López Gatell, quien precisamente ha dictado estas medidas de prevención desde el inicio del virus, pero pocos asumen su propia responsabilidad cuando no ha tenido el más mínimo cuidado para no contagiarse. Se prefiere dejarse llevar por los que quieren que a este gobierno le vaya mal.

Hasta este domingo 1 de noviembre, se contabilizaban en México 91,895 muertes, cifra muy lamentable, pero también más de un millón, 126 mil 280 casos negativos, de eso no se habla que es una cifra muy importante.

La seguridad como la salud, es un asunto de todos, no sólo de las autoridades.

Por ejemplo, muchos ciudadanos saben dónde vive el que vende droga, el que anda asaltando, sabe que tiene que cuidarse de él, y denunciarlo con el anonimato que se requiere; así como también cada uno de los ciudadanos sabe que puede ser víctima del virus, advertir a sus cercanos de lo peligroso que está resultando la enfermedad; que si van a salir deben cuidarse, ponerse cubrebocas, mascarilla, si es posible, mantener la sana distancia y lavarse las manos cuando lleguen a su destino. 

Señalar a otros de su propio cuidado no ayuda en mucho.

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