• Tradición que tiende lazos entre los vivos y  los muertos, desde antes de la colonia
  • Declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Redacción

Ciudad de México, sábado 31 de octubre del 2020.- La celebración del Día de Muertos es una de las tradiciones prehispánicas de mayor arraigo  y más representativas de la cultura mexicana, en la que se rinde culto a los muertos, los días 01 a todos los santos y el 02 a los santos difuntos.

Día de Muertos es para los mexicanos, toda una festividad, llena de colorido, imágenes y aromas, que emanan de los altares u ofrendas que las familias ofrecen a sus muertos, en casas, panteones, iglesias y espacios públicos.

Los altares a los muertos, iluminados por veladoras, son un elemento imprescindible de la celebración del Día de Muertos, en dónde,, según la tradición, se colocan alimentos, agua, dulces, para dar la bienvenida los seres queridos que se han ido y que estos días con la familia.

Son una construcción simbólica que mezcla el pensamiento prehispánico, la cosmovisión de las culturas mesoamericanas y las creencias religiosas europeas., traídas por colonizadores y misioneros europeos.

Se dice que cada nivel de altar u ofrenda tiene una representación gráfica del mundo material e inmaterial y en cada uno se colocan, diversos objetos, de acuerdo con cada cultura y con la religión y gustos de la persona fallecida a la que se dedica y que se espera en estas fechas. 

Así, los altares de dos niveles son una representación del cielo y de la tierra y representan los frutos de la tierra y las bondades del cielo como la lluvia.

Los altares de tres niveles representan la tierra, el cielo y el inframundo y debido a la influencia europea, cambió su significado a dos posibles: pueden representar la tierra, el purgatorio y el reino de los cielos, o bien, pueden significar elementos de la Santísima Trinidad, según la tradición católica.

Los altares de siete niveles, representan los planos que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual; según la práctica otomí, los siete escalones representan los siete pecados capitales y también se asocian al número de destinos, que de acuerdo con la cultura mexica, existían para los distintos tipos de muerte.

Los elementos más comunes en los altares u ofrendas de muertos son las flores, tradicionalmente de cempasúchil; calaveras de dulce o chocolate, de cerámica, papel maché  y otros materiales; veladoras y cirios, que representan la guía del alma y la luz que ilumina el camino de regreso al mundo de los muertos; el papel picado, con imágenes alusivas a la muerte en colores muy fuertes como naranja, morado, rosa mexicano, verde y azul;  el agua, para calmar la sed del visitante; alimentos, los tradicionales mexicanos o los que en vida prefería el difunto; y objetos personales como ropa, adornos y accesorios.

Los altares u ofrendas de muertos se colocan tradicionalmente antes del 01 y el 02 de noviembre, pues de acuerdo con la creencia, los muertos visitan a sus seres queridos vivos, el 01 está dedicado a Todos los Santos, los pequeños difuntos y el 02 a los Fieles Difuntos, o a los adultos difuntos.

La belleza de esta celebración y su profundo significado, motivó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la inscribiera en 2008 en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por ser una de las expresiones más relevantes del patrimonio vivo de México.

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