En un país democrático como lo es México, la libertad de expresión ha ido ganando terreno a lo largo de su historia, como un derecho constitucional y como un derecho humano para todos sus habitantes, ahora en tiempos de la 4T sigue recorriendo camino. Y es que con un Gobierno que ha cambiado las formas de comunicarse, los mismos medios de comunicación han sufrido también modificaciones a sus hábitos, aunado a esto estamos presentes ante los tiempos de una revolución en la información.

La sociedad accede a distintos tipos de información, por diversos canales, la oferta actualmente es basta, y son los consumidores quienes deciden cuales le son útiles para tomar decisiones, y aunque es cierto, esta inmediatez de la información conlleva también otros aciertos y desaciertos, como toda revolución, todavía queda mucho por andar. A muchos empresas privadas y personajes, todavía hoy les duele entender el cambio, o aceptar la competencia, pero yo soy optimista, estoy seguro de que la sociedad y estos actores superarán estos traumas iniciales y acabarán reconociendo, de forma indiscutible, el valor de la oferta en los canales de la información, y la gente lograra elegir los que correspondan a sus ideales, y sobre todo forjara una sociedad capaz de analizar los problemas del país bajo su propia lupa y perspectiva. Pero hay que seguir caminando.

Durante este andar, en los últimos tiempos me ha tocado ver y sentir el desprecio por las opiniones contrarias, y es que más allá de disentir, atacamos pidiendo se reconsidere nuestros proceso de pensamientos y de ideas, y la verdad es que opinar es algo tan inherente a las personas, que además como periodista me rehúso a coartar, lo que además es mi derecho.

Las reglas son parejas, la libertad de expresión, a la información y de opinión para todos son iguales, se trata de derechos irrenunciables, aunque en su legítimo ejercicio generen polémicas, disgustos, irritación, críticas y descalificaciones contra quienes escriben u opinan. Y es que vuelvo a repetir, una cosa es disentir y otra es atacar, dividir y restar.

En tiempos de la 4T, el periodismo sufre también una transformación, este gremio que nunca se ha caracterizado por la unión de sus miembros en México, pero si por un gran canibalismo, en donde los egos dominan, ahora hay una polarización y heridas a flor de piel, y un doble discurso al no querer aceptar que la época dorada donde su palabra era “sagrada”, donde los líderes de “opinión” marcaban la agenda de las noticias, y donde ellos elegían la temporalidad de estas mismas, ya desapareció. Los medios, los periodistas, los modos, los métodos y las opiniones están transformándose, nos guste o no.

La libertad de expresión, de informarnos y de opinar no es una concesión que los comunicadores quitan o dan a capricho, es un derecho reconocido por los gobiernos democráticos, en el caso de México, que se fue ganando y que se encuentran en la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La Organización de las Naciones Unidas, en la mismísima Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, cita: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Pero hay que tener cuidado de como usamos estos derechos, pues informar y dar nuestra opinión o expresarnos libremente, no significa tener el derecho a molestar, insultar, distorsionar, querer imponer ideas con intereses ocultos, aleccionar solo por el hecho de tener un “micrófono”, sí se opina, informa y expresa con libertad y con respeto a este derecho, cada quién se hace responsable de su palabra, porque sabe que no trasgrede a nadie, y se hace un uso responsable de su “micrófono”.

Por primera vez en la historia de México, la libertad de expresión se ha democratizado y se ejerce tan ampliamente que ha llevado a las mentes más conservadoras a cuestionar, incluso, el trabajo serio y profesional de periodistas, por el simple hecho de no estar de acuerdo en su punto de vista o en su visión de la realidad del país. En materia de libertad de expresión, no se trata de estar de acuerdo o no con lo que la gente piensa, sino de expresar y defender la propia percepción de los hechos, los pensamientos e ideas y reflexiones que éstos nos provocan.

Y es que cuando se me acusa de hablar de más o de menos, de mis formas de preguntar, de mi carrera de periodista, me pregunto: ¿Quién es el prototipo del periodismo?, ¿realmente puede existir?, ¿Cómo se puede decidir cuáles son periodistas verdaderos y legítimos, y quiénes son los profanos e improvisados?, porque sí a eso vamos, yo les puedo mostrar mi título y mi cédula que me avalan como Licenciado en Periodismo, así como los años de carrera que tal vez no tan renombrada como otros compañeros del gremio, pero que me han forjado profesionalmente, ahora bien, que pasaría sí solicitamos su cédula profesional o título a todos los integrantes del gremio de periodistas de México, nos llevaríamos varias sorpresas, pues encontraríamos: abogados, ingenieros, analistas, politólogos, que en su momento se ganaron los lugares estelares, aún sin ser reporteros o periodistas. ¿Es malo?

No se trata de gritar más fuerte o más veces, o de confabularse contra quienes piensan diferente, tampoco se trata de abusar de la tribuna que les da un medio de comunicación, para descalificar y ofender a otros comunicadores, con el resentimiento que puede provenir de que se les hayan acabado los privilegios que generosamente obtuvieron en el pasado.

Hablar de ética, es muy complejo, y como diría mi abuela, primero hay que limpiarse la boca. Es de gente educada escuchar los consejos, pero también es de gente responsable, y profesional no acusar sin sustento, no descalificar el trabajo de otros profesionales o de empíricos, por no estar de acuerdo y no usar calificativos peyorativos.

Avanzamos en el ejercicio de la libertad de expresión, qué bueno, los mexicanos lo merecemos, pero qué lejos estamos del respeto a la profesión de los periodistas, a los propios periodistas y a las instituciones, a las personas, a su color de piel, a su forma de hablar, a su aspecto físico, es decir, respeto al de alado.

Concluyo En mi humilde opinión: el RESPETO ante todo colegas,¡RESPETO!.

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